Semblanzas: Farianas y paz I
"No
debe ser fácil me imagino, una vida en la guerrilla y ahora de un momento a
otro vivir con militares extranjeros y policías. ¡Todo un reto!"
Foto: Claudia Quintero
FIPU
PRESS
Conocer
tantas mujeres valientes y aguerridas, deja una enseñanza de paz enorme, dejar
un arma para optar por construir la paz y garantizar la no repetición, es no
solo un acto de valentía si no la más inmensa solidaridad.
Una
foto adorna siempre los eventos públicos dónde se reúnen las mujeres farianas
se trata de Mariana Páez, una comandante que hizo parte del secretariado y
perdió su vida en el conflicto. Ella fue ejemplo de feminismo revolucionario
consiente de la necesidad de tener un nuevo país para los hijos e hijas de cada
colombiana. Es referente de las mujeres farianas, disciplinadas y
comprometidas.
Manuela
Manuela
Marín es parte de la Comisión Nacional de Organizaciones de las FARC y en este
momento de la Zona Veredal Carlos Patiño, lleva 16 años en la guerrilla, con 18
años cumplidos ingresó al grupo subversivo.
Siempre
les pregunto a las farianas ¿qué significa ser mujer en las FARC? Para Manuela,
“Ser mujer en las FARC es un enorme
reto, porque implica desde el momento de su ingreso
romper con los esquemas y los roles que tiene establecida la sociedad
para las mujeres, implica asumir muchas
tareas y muchos espacios de
participación que han sido destinados solamente para los hombres, por lo tanto implica un enorme aprendizaje”.
Primer
reto ha sido estar convencidas, que como mujer humilde o campesina era capaz de
cumplir tareas políticas, primero desde la clandestinidad y ahora a la luz
pública, en especial, cree que de las cosas más difícil fue enfrentar la
arremetida de los medios de comunicación en contra de las mujeres de las FARC,
mostrándolas cómo víctimas y no como sujetas de derecho, eso les ha hecho
sentirse deslegitimadas, por eso con más ahínco son partícipes de la
construcción de la paz desde que comenzó el proceso.
- ¿Por
qué no hay guerrilleras en el secretariado?
- Nosotras
estamos haciendo una ruptura de la
cultura patriarcal, que es supremamente
radical. Tenemos 11 mujeres en la Dirección del Estado Mayor Central, que es la
estructura principal.
Estar
en las zonas campamentarias con población acompañando y en una unidad única con
la gente, es un sueño cumplido para Manuela, es parte del propósito del
movimiento, y brinda ese sostén que se requiere ahora para proseguir en la
construcción de la paz territorial.
Isabel
La
conocí en el municipio de Buenos Aires, El Ceral, Robles – Zona veredal de
transición y normalización- (ZVTN). No me quiso decir su nombre “de pila”,
tantos años siendo Isabel, naturalizaron en ella una identidad de guerra y
ahora de paz.
Hasta
el 1 de agosto hará parte del Mecanismo Tripartito de Monitoreo y Verificación
(MM&V) del Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la
Dejación de Armas de las FARC, allí junto a personas muy diferentes a ella (Delegados
de Naciones Unidas y Policías) cumplió una misión necesaria en la construcción
de paz, desde el primer cese al fuego hasta la entrega total de armas. ¡Quien
imaginaba que llegaríamos a esto!, es sin duda el hito político y social más
grande que ha tenido Colombia en las últimas décadas.
Isabel
Vargas se siente orgullosa de su pasado, presente y espera con esperanza el
futuro. No es fácil confiar, se entregaron las armas, quizás esas daban
garantía para defenderse pero ahora, su arma será la palabra, como indica
siempre Rodrigo Londoño “Timochenko”.
Para
Isabel, “La guerra existió por el hambre y la exclusión y no porque nosotros
–las FARC- hubiéramos portado unos fierros viejos, la gente nos respeta por lo
que hacemos y representamos no por haber tenido armas”.
Tiene
sentimientos encontrados, la última vez que nos vimos fue en el aniversario de
las FARC, el último en armas, y el primero en el paso a la vida civil, se
sentía un ambiente festivo, pero para Isabel, venían los recuerdos de los que
ya no estaban, o quienes estaban encerrados esperando el cumplimiento de
libertad.
“Yo me vine a la
guerrilla para tener cómo defenderme, en los territorios la violencia contra la
mujer que militaba y pensaba diferente era insostenible.” Afirma la ex
combatiente.
Su
trabajo en el Mecanismo de Monitoreo le permitió documentar las situaciones
alrededor del territorio, y las situaciones que no solo afectaban a los
miembros de las FARC si no a la comunidad.
-¿A quiénes extraña? –
Le pregunto- cómo esperando algún nombre que favoreciera mi escrito y me
brindara más insumo periodístico.
-A los compañeros, a los comandantes, a tanta gente, uno convivía con
ellos de forma cercana, cómo hermanos – agacha la mirada, con esa nostalgia
que se va borrando con una sonrisa naciente-.
- Isabel, ¿Cómo fue ser
parte del Mecanismo de Monitoreo?
-Ha sido una experiencia interesante, ver ahí a quién fue la
contraparte, durmiendo en el mismo lugar, comiendo, trabajando día a día, con
visiones diferentes a la mía pero tolerándonos, aguantándonos – sonríe de
forma pícara-.
No
debe ser fácil me imagino, una vida en la guerrilla y ahora de un momento a
otro vivir con militares extranjeros y policías. ¡Todo un reto!
Para
Isabel, ser mujer y haber combatido en las FARC “Es estar a la altura de lo que demanda la guerrilla, alta moral”,
afirma que no sintió ser excluida, en la guerrilla, me cuenta, no se les vio
nunca como frágiles o delicadas, se les trató igual que cualquier guerrillero.
La participación de las
mujeres
En
el punto del Ceral-Cauca, al Mecanismo de Monitoreo, las FARC le aportó 5
mujeres y 5 hombres, la ONU 3 mujeres y el gobierno ninguna.
Las mujeres en las
FARC han sido parte importante de la construcción política y social, ahora en
su fase de transición a la política legal, constantemente recuerdan a la
guerrillera “Mariana Páez”, quien fue parte del secretariado de las FARC, y
perdió la vida en la guerra, como semilla para la naciente paz, que se está
construyendo hilando paso a paso, superando las dificultades.




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