Gobierno colombiano y ELN tienen el desafio de distensionar y avanzar
El
lunes 24 de julio, inicia la tercera ronda de diálogos y negociaciones entre el
gobierno Colombiano y el Ejército de Liberación Nacional, las delegaciones
presididas por Juan Camilo Restrepo y Pablo Beltrán, respectivamente, han
trabajado desde la primera semana de febrero, en dos rondas desarrolladas de
febrero a abril y de mayo a finales de junio, contabilizando cerca de 80
jornadas de trabajo.
Estas
dos primeras rondas han servido para que cada una de las partes coloque sus
consideraciones y propuestas sobre los temas que de manera simultánea han
trabajado: como adelantar la participación y como pactar un conjunto de
¨dinámicas humanitarias”, para distensionar el conflicto y poder llevar
adelante la mesa sin tiros ni sobresaltos.
La
participación de la sociedad en el desarrollo del proceso es la energía para
construir las transformaciones que pacten, con legitimidad social, las dos
partes, debe ser según lo firmaron en la agenda que guía el proceso: dinámica,
activa, plural e incluyente, todos estos calificativos, hablan del reto de
convocar sociedad diversa y que desde unos ejercicios de participación, se
puedan concertar temas para pensar en nuevas realidades, que tienen dos referentes:
regiones y temas de políticas públicas estructurales.
Las
dos partes tienen ya un “preacuerdo” para ese reto de participación, donde han
establecido de manera sensata y pragmática, escuchar una diversidad social e
institucional, en unas audiencias para que de allí salga una ruta de esa
participación, que lleve a buen puerto esta mesa, tarea posible y lograble.
En
el punto de “dinámicas humanitarias” el gobierno ha insistido y persistido en
el delicado y repudiado tema del secuestro, punto en el que el Presidente
Santos ha sido el primero es reiterar que no es posible avanzar en esta mesa si
no hay un compromiso con una práctica violatoria de la dignidad humana el DIH y
por el cual amplios sectores de la sociedad se han movilizado desde hace dos
décadas y cuya sanción legal se endureció con el liderazgo de Francisco Santos.
Del
lado del ELN, ellos han colocado el delicado e igualmente repudiable asunto de
la criminalidad contra líderes sociales, que se mantiene, por lo menos y sin
exagerar desde el 15 de octubre de 1914, cuando en las escalinatas del
Capitolio Nacional, en plena Plaza de Bolívar en Bogotá, fue asesinado el
dirigente liberal Rafael Uribe Uribe y el último fue Ezequiel Rangel, dirigente
Campesino del Catatumbo e integrante de Ascamcat – Asociación Campesina del
Catatumbo- y líder de la Marcha Patriótica, asesinado el lunes 17 de julio del
año en curso, en el municipio de El Carmen.
El
Gobierno insiste en secuestro y el ELN en protección de los líderes sociales y
la finalización de la criminalidad en su contra, son dos dinámicas de
naturaleza diferente, con lógicas y responsables diferentes, pero en ambos
temas se pueden hacer compromisos y avanzar en su superación, lo cual no es
fácil en la criminalidad contra la dirigencia social, porque se les dispara
desde muchos lados y por muchas motivaciones, pero por supuesto que hay que
seguir trabando en protección, prevención, investigación y sanción.
Igualmente
han surgidos otros temas en el punto de “dinámicas humanitarias”: desminado
conjunto, la delicada situación carcelaria en general y los presos del ELN en
particular, la suspensión de ataques a la infraestructura petrolera y
energética, las comunidades que sufren desplazamiento o están confinadas en
zonas de confrontación armada, el tema de los menores en el conflicto, las
judicializaciones contra dirigentes sociales y en todos estos temas importantes las partes
pueden hacer compromisos concretos y verificables.
De
manera un poco sorpresiva y que hay que reconocerle al gobierno por su
apertura, las dos partes han afirmado que tienen interés y discutir sobre un
cese bilateral de fuegos, a lo que el gobierno le ha colocado como complemento
lo de las “hostilidades”, que a mi juicio son muy coincidentes con el punto de
“dinámicas humanitarias”.
Por
iniciativa de la Conferencia Episcopal, quien juega un activo y discreto papel
en este proceso, las partes han colocado la venida del Papa Francisco, como un
horizonte cercano para lograr acuerdos y mayor dinámica en este proceso, que
sigue teniendo poco respaldo ciudadano, mucho pesimismo y desazón en muchos
sectores gremiales e instituciones, pero que es central, si queremos pasar la
página de más de medio siglo de rebelión armada.
Juan
Camilo Restrepo y Pablo Beltrán, las delegaciones del gobierno Colombiano y del
ELN, tienen en esta tercera ronda de diálogos y negociaciones el deber y el
reto de lograr pactar unos puntos humanitarios, iniciar las audiencias para
participación y empezar el intercambio para acordar un cese bilateral de fuegos
y hostilidades, puntos delicados, pero donde ya hay avances importantes y
posibilidades de lograr acuerdos.
El
tiempo que le resta al gobierno es poco y si queremos una participación plural,
dinámica, incluyente y activa, hay que pactarla en agosto y desarrollar una primera
fase entre Septiembre y Diciembre, tiempo razonable para bosquejar lo que es
posible pactar para una democracia para la paz y unas transformaciones que le
den cuerpo a un acuerdo de paz.
Por: Luis Eduardo Celis
Asesor de la Red de Programas de Desarrollo y
Paz, REDPRODEPAZ



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