La paz con desarrollo ¡sí va!
Los indígenas Misak, lucharon por la recuperación de
su tierra que, aunque es limitada, representa un logro colectivo que requirió decisión,
organización y sacrificio de vidas humanas.
Históricamente el
pueblo Misak ha sido agricultor y piscicultor. El resguardo indígena Guambía es
punto clave para el desarrollo económico y la sostenibilidad alimentaria de la
región, en épocas de pos acuerdo.
Segundo Tombé
Almendra representa a AMPROCAM, una
asociación que se dedica a la producción de carne de trucha en Silvia,
departamento del Cauca.
El Cauca fue noticia
durante todo el conflicto armado, ahora le apuesta junto a la Unión Europea a
promover los emprendimientos de producción de carne de trucha, para consumo
nacional y exportación. Los indígenas guámbianos son empresarios, gestionan sus
propios recursos, promueven empleo y desarrollo a sus comunidades.
“Producimos más de 100 toneladas mensuales de trucha, se van a
implementar proyectos en los 42 municipios del Cauca, ojalá no sea solo para El
Cauca sino para toda Colombia”, comentó Tombé
en un evento realizado en Popayán en mayo de 2017, en la celebración de los 60
años de la Unión Europea.
Con estos proyectos se van a benefician tres organizaciones en Silvia, que abarcan cerca de 360
proyectos piscícolas.
La trucha para ellos
representa un ingreso que mejora la calidad de vida del pueblo Misak y también
es un gran alimento, de favorable poder nutricional. Su objetivo es llegar a la
trasformación y a la mesa del colombiano de forma directa.
La Suiza de América
como es conocida Silvia, no solo es centro de la producción de trucha, también
es un foco turístico importante para el departamento, allí contrasta una buena
trucha frita con los paisajes y los vestuarios que llaman la atención de los
visitantes. A pesar de la modernidad éste pueblo sigue manteniendo sus costumbres
y construyen paz con su trabajo dedicado.
“El plan de vida de los misak tiene aspectos generales para la
recuperación de la cultura, autoridades ancestral tatamera y mamamera los cuales viven en estrecha
relación con la naturaleza, por esto el territorio es importante, ya que desde
la cosmología, los guambianos provienen
de la naturaleza y son hijos del agua”[1] (Osorio Cesar 2011).
Para Segundo Tombé
Almendra es necesario que los pueblos indígenas se unan para ejecutar proyectos
de impacto, ahora que están finalizando las acciones armadas de la guerra, cree
que es un momento clave que no se debe desaprovechar. Desde su organización
trabajan familias completas llevando a casa un manjar que tiene muchos
beneficios para la salud, bajo en grasa que proporciona proteínas necesarias
para el cuerpo humano.
Los indígenas Misak,
lucharon por la recuperación de su tierra que, aunque es limitada, representa
un logro colectivo que requirió decisión, organización y sacrificio de vidas
humanas. Como indicó el Portal Verdad Abierta en su artículo “El costo de
organizarse”: “En el norte del Cauca, los indígenas han resistido a un despojo
que comenzó con la Conquista y que continuó con el sistema de haciendas, la
extensión de los monocultivos, la llegada de la coca y la minería, y la
presencia de actores armados”.[2]
Para los colombianos
de la Colombia real y rural, los Acuerdos de la Habana no representan el
desarme de una guerrilla únicamente, representan una oportunidad para su
empoderamiento social y económico y su seguridad alimentaria, hoy el pueblo nos
da ejemplo que la paz con desarrollo ¡sí va!
[1] https://www.traslacoladelarata.com/2011/04/14/misak-cultura-milenaria-2/
[2] http://www.verdadabierta.com/lucha-por-la-tierra/5263-el-costo-de-organizarse-1971-1991



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