Entrevista a Mikel Zuluaga, representante de la plataforma vasca Ongi Etorri Errefuxiatuak (Bienvenidos refugiados)
Los países desarrollados se protegen para que ambos mundos no se mezclen, volviéndonos a fraccionar internamente en clases. Sólo cuando precisan de mano de obra barata abren las fronteras.
Por: Andrés Vargas
FIPU PRESS
El pasado 28 de diciembre, los
activistas vascos Mikel Zuluaga y Begoña Huarte fueron detenidos en el puerto
de Igoumenitsa en Grecia, cuando se
dirigían hacia Italia en compañía de 8 refugiados que iban ocultos en una
autocaravana.
Mikel y Begoña hacen parte de una
plataforma solidaria llamada Ongi Etorri Errefuxiatuak (Bienvenidos
Refugiados). Con esta acción buscaban visibilizar la crisis humanitaria que viven los
refugiados de guerra y denunciar las medidas tomadas por los gobiernos europeos
respecto a esta situación.
“Obedecemos a los Derechos Humanos y
desobedecemos abiertamente a los gobiernos europeos que han convertido las
fronteras en espacios de muerte, detención y deshumanización para miles de
personas”, declararon recientemente en un vídeo en el que explican los motivos,
reivindicando la acción como un ejercicio de desobediencia civil.
Andrés Rodas: En primer lugar muchas gracias por concedernos esta entrevista para la Federación Internacional de la Prensa de los Pueblos y permitirnos comprender y visibilizar en Latinoamérica la situación que viven los refugiados en el continente europeo.
¿Quiénes
hacen parte de la plataforma Ongi Etorri
Errefuxiatuak?
Mikel Zuluaga: Somos una plataforma muy amplia y trasversal donde
coincidimos diversas personas y asociaciones en la lucha por la situación de
las y los refugiados.
A.R: ¿Por qué surge
esta iniciativa?
M.Z: La iniciativa surge como respuesta popular a una
autentica barbaridad, comparable a otras atrocidades de la historia, que hace
que miles de personas mueran por el simple hecho de tener que cruzar una línea,
un muro, un estrecho, una alambrada. Alambradas protegidas con concertinas que
como cuchillas dejan mutiladas o heridas a las personas que intentan cruzarla.
Nuestra intención no era sólo hacer
un acto humanitario –legítimo- sino un acto de desobediencia civil. Después de hacer varios
viajes nuestro propósito era salir públicamente diciendo: si no cumplen los
Derechos Humanos, si no cumplen su raquítico cupo, el movimiento social, la
ciudadanía consciente solo tiene la salida de desobedecer.
Los y las refugiadas iban a ser
alojados transitoriamente en un hotel rural habilitado para la ocasión donde se
les enseñaría un idioma, ayuda sicológica, comenzar a buscarles trabajo,
vivienda… intentando crear municipios insumisos; haciendo que aun estando sin
papeles fueran libres como cualquier ciudadano o ciudadana. Luego se precipitó
todo con la detención.
A.R: ¿Cuál es la situación actual que viven los refugiados en el continente
europeo?
M.Z: Miles de personas, miles
de familias, miles de niños y niñas se encuentran varados en diferentes países
circundantes a Europa en espera de cruzar las fronteras, estancándose de por
vida en terceros países; algunos y algunas prueban llegar a Europa muriendo en
el intento – más de 5.000 personas murieron el año pasado-, otros llegan a los
llamados campos de refugiados, verdaderas jaulas donde es notorio el quebranto
humanitario.
Las fronteras actuales son
herramientas para separar el mundo en dos: entre privilegiados y expulsados de
la tierra. Así los países desarrollados se protegen para que ambos mundos no se
mezclen, volviéndonos a fraccionar internamente en clases. Sólo cuando precisan
de mano de obra barata abren las fronteras.
El neofascismo divide la humanidad entre
los prescindibles y los imprescindibles. En el mundo de los prescindibles no
importa que mueran o se maten –por ejemplo arman a gobiernos y a oposición-,
que pasen hambruna o penurias, que vivan en un caos absoluto – son financiadas
dictaduras donde no existen derechos sociales o políticos o se maltrata la
mujer -, o en la desertización más atroz provocada por calentamiento global… lo
cardinal es que su mundo pueda vivir con glotonería.
A.R: ¿Cuáles son las políticas que se han tomado desde la Unión Europea para
hacer frente a la crisis humanitaria que viven los refugiados?
M.Z: La respuesta es la
propia pregunta, “¿Cuáles?”. Es una suma
de desaciertos programados donde se gasta más en seguridad fronteriza que en
hacer de Europa una tierra que acoja con normalidad a los refugiados políticos,
económicos, medio-ambientales, de género…
A.R: ¿Cómo fue vuestra detención en Grecia?
M.Z: Simulábamos que éramos
dos viejecitos viajando en autocaravana por Europa.
En un compartimento camuflado habíamos escondidos a refugiados y refugiadas.
La detención fue de sufrimiento, no por nosotros –estábamos preparados- sino por
el fracaso de la acción y por las y los refugiados.
Cuando nos vimos pillados les avisamos
que abriríamos el camuflaje, pero ellos lo rompieron hiriendo a dos refugiados.
A.R: ¿De
qué se os acusó en esa detención?
M.Z: Al principio, de tráfico
de personas. Pero las declaraciones de los
refugiados fueron excelentes al margen que la policía presionase para
que declararan en contra: que no habían pagado nada, que éramos buenas
personas…
Así que luego cambiaron la acusación a peligrosidad, algo que se desmontó cuando le
comenté a la jueza que ellos para trasladar
al tribunal a los refugiados los metían en una furgoneta con un espacio similar
a 14 refugiados y además esposados. Rápido inquirió la jueza al secretario que eso
no se incluyera en el informe, ya que revertía la denuncia hacia la policía.
A.R: ¿Qué ocurrió con los refugiados que estaban con vosotros?
M.Z: Seis fueron puestos en
libertad al cabo de unas horas y dos pidieron asilo, y salieron a la par que
Bego y yo. Pero es hermoso destacar como dos europeos que dan su solidaridad a
los refugiados, estos cuando salen nos muestran su solidaridad a nosotros diciendo
que ellos no salían hasta que nosotros nos saliéramos. La solidaridad es
siempre recíproca
A.R: ¿Qué
respaldo recibisteis por parte de los movimientos sociales en Euskal Herria y
en el Estado español?
M.Z: Ufff… impresionante. Aquí en Euskal
Herria las muestras de agradecimiento son infinitas. Así como en el resto del
Estado tenemos constancia de la solidaridad por las llamadas, charlas
programadas... Es cuando del sufrimiento pasas a la alegría, y algo más difícil
es cuando una derrota se convierte en victoria.
A.R: ¿Tenéis
conocimiento de otras organizaciones que estén llevando a cabo iniciativas
similares en el resto del continente?
M.Z: Muchas personas individualmente, y
muchos movimientos y personas que trabajamos el tema de los refugiados estamos
trayendo gente. Cada uno a su estilo.
Si
puede tener algo de diferencia es que nosotros queríamos que no se quedara en
un mero acto humanitario –legítimo- sino de desobediencia civil, de denuncia política.
A.R: La
crisis humanitaria que viven los refugiados va más allá de Oriente Medio o de
Europa, bajo vuestra perspectiva ¿cuáles serían las rutas para solucionar esta
catástrofe humanitaria?
M.Z: Hacer de Europa tierra de acogida con
normalidad y generosidad. Desde Euskal Herria trabajamos en Ongi Etorri
errefuxiatuak para que así sea.
A.R: Muchas
gracias Mikel, por ayudarnos a comprender mejor la difícil situación de los
refugiados en Europa y la necesidad de ir más allá de las palabras.



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