“No hay un solo documento que pruebe que yo le transferí dinero a las Farc”: Húber Ballesteros
El proceso de paz no puede llevarnos a la ingenuidad de pensar que se acabó el conflicto o que somos socios (del Gobierno), porque aun con la negociación concluida el Gobierno sigue aspirando a una paz barata.
Por: María Flórez
Pacifista
| Foto: Mateo Rueda
En
agosto de 2013, en medio del Paro Nacional Agrario, la Fiscalía de Eduardo
Montealegre anunció que había capturado al vicepresidente de Fensuagro, una
federación sindical de organizaciones agropecuarias, por presuntos vínculos con
las Farc. El detenido era Húber Ballesteros, un reconocido dirigente sindical y
agrario que, para entonces, era vocero y negociador de la Mesa Nacional de
Interlocución y Acuerdo (MIA), el escenario de representación de los miles de
agricultores que exigían la recuperación de la economía campesina.
Ballesteros
fue capturado pocos días después de reunirse con varios congresistas para
buscar salidas al recién decretado paro, que se extendió hasta mediados de
septiembre. Era, y sigue siendo, dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores
(CUT) y del movimiento social y político Marcha Patriótica.
Y
aunque esas organizaciones insistieron en que Ballesteros era inocente y en que
la captura era una retaliación por el paro, que incluía bloqueos de vías en
distintas zonas del país, la Fiscalía declaró que había encontrado pruebas de
su relación con las Farc “gracias a información y documentos incautados en
computadores de exjefes subversivos”.
La
entidad dijo, además, que a Ballesteros lo conocían en las Farc con los
seudónimos de “Néstor”, “Germán” y “Zapata”, que seguía órdenes del
Secretariado, que recibía un “salario mensual por su labor como organizador de
movimientos campesinos, al igual que como trabajador de masas al servicio de la
subversión”, y que “en sus constantes desplazamientos a Europa se reunía con
contactos para pedirles dinero que les permitiera financiar las acciones
subversivas”.
Por
cuenta de esas acusaciones, Ballesteros fue recluido en la cárcel La Picota.
Allí permaneció preso hasta el pasado 13 de enero, cuando una jueza de Bogotá
ordenó su libertad provisional mientras la justicia toma una decisión de fondo
sobre el caso: se lo acusa de rebelión agravada y financiación del terrorismo.
El
abogado de Ballesteros, Ricardo González, explicó en diálogo con este portal
que el dirigente sindical podrá beneficiarse de la recién aprobada ley de
amnistía —que contempla la terminación de los procesos por rebelión— y de la
Jurisdicción Especial para la Paz —que podrá amnistiar a personas procesadas
por pertenecer a las Farc, aunque no se reconozcan como integrantes de esa
guerrilla—.
Hablamos
con Ballesteros, que promete ser protagonista de la implementación de los
acuerdos de paz, sobre su proceso judicial, los diálogos de La Habana y la
actual coyuntura política. Entrevista.
Húber, ¿cree que su
captura influyó en el desarrollo del paro agrario de 2013?
Cuando
me capturaron llevábamos cinco días de movilización. De ahí en adelante, el
campesinado se radicalizó, porque vio que el tratamiento que el Gobierno le iba
a dar al paro era represivo. Yo, desde la prisión, seguí opinando, participando
en las negociaciones del pliego nacional y apoyando el desarrollo de la MIA
hacia la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular.
¿Pudo hacer política
desde la cárcel?
Fue
complicado, pero no imposible. Siempre envié opiniones y escritos para
mantenerme en contacto con la CUT, con Fensuagro y con Marcha Patriótica.
También aproveché el tiempo para leer, estudiar y reflexionar sobre la
experiencia de las organizaciones. Además, me vinculé al comité de prisioneros
políticos, que es un espacio interesante, porque mantiene las escuelas de
formación y la discusión política.
Vamos al proceso
judicial. La Fiscalía lo acusa de hacer una gira por Europa para conseguir
recursos que terminaron en manos de las Farc. ¿A qué fue al exterior?
Por
muchos años ocupé el cargo de vicepresidente del Comité Ejecutivo Nacional de
Fensuagro. Es parte de la labor del vicepresidente realizar las relaciones
internacionales de la organización, así que hice una gira de carácter político
y de gestión para construir relaciones con organizaciones internacionales. Eso
no tiene nada de ilegal.
Pero la Fiscalía dice
que los recursos que usted gestionó se canalizaron hacia la guerrilla a través
de varios contratos. ¿Qué participación tuvo en la ejecución de esos proyectos?
Quiero
aclarar que yo nunca fui tesorero ni presidente de Fensuagro, y que no hay un
solo documento que pruebe que yo le transferí dinero a las Farc. En mi cuenta
bancaria escasamente reposaban los gastos de viáticos que me consignaba la
Federación y el apoyo económico que me daba el Ministerio del Interior para
auxilio de transporte, como medida de protección.
En
cuanto a los contratos, el primero lo gestionó y lo ejecutó el Sindicato de
Trabajadores Agrícolas del Tolima; la Federación no tuvo nada que ver en él. El
segundo proyecto se llamó “democracia en profundidad”, fue ejecutado por
Fensuagro y financiado por el gobierno catalán, pero yo no manejé los recursos,
ni participé en las capacitaciones. Y el tercer contrato que aparece
relacionado en el proceso judicial lo gestionó el Colectivo Orlando Fals Borda,
que le pidió a Fensuagro ser coejecutora. Este último era para buscar a las
personas desaparecidas por el Ejército durante la operación Thanatos [1] y para
denunciar esos hechos ante jueces nacionales e internacionales.
Todos
los proyectos fueron ejecutados y los informes técnicos y financieros reposan
en archivos de organizaciones no gubernamentales y gubernamentales de Colombia
y el exterior.
La Fiscalía también
dice que encontró evidencias de su relación con las Farc en los computadores de
los desaparecidos jefes guerrilleros “Alfonso Cano”, “Jorge Briceño” e “Iván
Ríos”…
La
información de esos computadores, que supuestamente prueba mi relación con el Secretariado
de las Farc, no fue debidamente incorporada al proceso. En todo caso, allí no
aparece mi nombre, sino unos seudónimos que la Fiscalía quiere atribuirme a mí,
como el de alias “Germán”. ¿Cuántos germanes puede haber en la guerrilla o
tendrán relación con ella? Además, cuando la defensa pidió los computadores
para que peritos nuestros certificaran que la información no había sido
manipulada, la Fiscalía lo impidió.
¿Cree que su
detención afectó los procesos de organización campesina y sindical que estaba
impulsando?
Esta
es mi actividad diaria. Yo no soy un dirigente de fines de semana o de vez en
cuando. Estoy dedicado desde hace mucho tiempo a la actividad sindical, social
y política de la izquierda en Colombia. Entonces, en un contexto de lucha
permanente, en el que se necesita gente con experiencia, cualquiera que no
pueda cumplir con sus funciones hace un roto. Sin embargo, creo que estos son gajes
del oficio: estamos enfrentando a nuestros enemigos de clase.
Ahora,
yo creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a una persona que cae en
prisión es redoblar esfuerzos, cualificar agendas. Y aquí se ha intentado eso,
lo que pasa es que la condiciones han sido difíciles: nos han asesinado 129
compañeros desde 2012, cuando fundamos la Marcha Patriótica.
A propósito de la
coyuntura, desde que usted fue detenido hasta hoy el escenario político ha
cambiado significativamente. Hay un acuerdo de paz firmado con las Farc y su
implementación está en marcha. ¿Cuál cree es el papel de la izquierda en estas
circunstancias?
Los
acuerdos de paz son una oportunidad, pero también un reto. El Gobierno se sentó
a dialogar con la insurgencia por la necesidad de terminar un conflicto armado
que le ha impedido aplicar a fondo su política económica, porque, en un
contexto de globalización, un país que no resuelva un conflicto como este es
poco competitivo.
Entonces,
el proceso de paz no puede llevarnos a la ingenuidad de pensar que se acabó el
conflicto o que somos socios (del Gobierno), porque aun con la negociación
concluida el Gobierno sigue aspirando a una paz barata, a que todo se reduzca a
una reinserción de las guerrillas mientras la burguesía sigue progresando a partir
de la explotación de los recursos naturales y de esquilmar la fuerza de los
trabajadores.
Por
eso, solamente una amplia convergencia, más allá de la izquierda incluso, podrá
garantizar una adecuada implementación de los acuerdos. Tenemos que actuar sin
sectarismos, sin mezquindades políticas.
¿Y cómo encaja Marcha
Patriótica en esa convergencia?
Este
momento es muy particular, porque se abre la posibilidad de que los insurgentes
ingresen a la vida política legal. El papel nuestro, entonces, tiene que ser el
de participar en el escenario político cercano en convergencia con distintas
fuerzas, incluida la que resulte de la reinserción de los combatientes de las
Farc.
En
ese contexto, nosotros como Marcha tenemos que trabajar mucho, porque los
procesos no están a la altura del momento. Necesitamos empezar a formular con
las comunidades los planes de desarrollo territorial y de sustitución de
cultivos, a articularnos con las organizaciones de víctimas, a saber cuántos
campesinos de nuestras organizaciones agrarias necesitan tierra. Tenemos que
apurar el paso, porque, si no, la implementación va a salir a favor de quienes
siempre han gobernado el país.
Usted ha dicho que el
Acuerdo Final recoge buena parte de las demandas de los campesinos, al menos de
los afiliados a Marcha. Siendo así, ¿el país dejará de ver paros agrarios como
el usted que lideró en 2013?
No
creo. Además de un paro agrario, tenemos que trabajar en un paro cívico contra
la reforma tributaria, las Zidres y todas las medidas que el Gobierno ha tomado
en contravía de lo que se negoció en La Habana.
Marcha Patriótica ha
denunciado el asesinato de más de cien de sus militantes. ¿Le atemoriza seguir
desarrollando su actividad política?
A
mi generación le tocó vivir en el conflicto. Aun así, ha trabajado por formar
organización y liderazgos. Tenemos que denunciar y exigir garantías, pero eso
no nos puede retrasar. Yo salí dispuesto a trabajar como lo hacía antes: ¿Con
el temor de ser asesinado? Sí. ¿Con el temor de volver preso? Sí. Pero con todo
y temor nos toca seguir adelante. Porque a uno sí le puede dar miedo, pero lo
que no puede ser es cobarde.
_______________
[1]
También conocida como Todo Honor, fue una operación militar para “retomar” los
cinco municipios del Meta y Caquetá que el gobierno de Andrés Pastrana despejó
para adelantar una fallida negociación con las Farc.
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