“Estamos lidiando con fascistas”: Rabino Richard Gamboa
¿Podríamos
hablar de casos aislados en casi 100 homicidios de líderes con similares
características y agendas de militancia política y social?
Por: Claudia Quintero
FIPU
PRESS | FOTO: NUEVO SIGLO
Termina
el año 2016 con la firme posibilidad de construir la paz, pero casi 100 hogares
han perdido a un familiar, que estaba dando todo por éste sueño.
El
25 de febrero de 2016, La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
condenó el asesinato de cinco defensores de Derechos Humanos en Colombia, y se pronunció
sobre lo que llamó “el contexto generalizado de represalias, hostigamiento y
amenazas contra defensoras y defensores de Derechos Humanos en el país”. Al
finalizar el año la situación no cambió, los asesinatos continuaron y preocupan
ante la cercana implementación de los acuerdos de paz en Colombia.
“Me indigna esa
situación, no es posible que en tiempos de acuerdos de paz aún se siga con los
asesinatos a líderes y lideresas sociales que también soñaban y luchaban por
una Colombia en paz y con justicia social”,
afirmó Deyder Andrés Henríquez de la Mesa de Participación Efectiva de
las Victimas del Distrito de Cartagena de Indias.
“El Informe de Derechos Humanos 2016[1] de ‘Cumbre Agraria’,
expedido en noviembre, denuncia que en el año 2016 se han presentado noventa y
cuatro (94) homicidios en contra de defensores de Derechos Humanos. La cifra
más alta en los últimos 6 años y 31 más que el año anterior. El informe denuncia:
“Hemos registrado cuarenta
y seis (46)
atentados, los cuales
fueron cometidos por
grupos de hombres armados. También
afirma el documento que existieron 302
amenazas individuales o
colectivas, directas e
indirectas, casos de violencia de género y cinco casos de desaparición
forzada en contra de dirigentes locales y regionales en distintas zonas del
país”.
A
pesar que la CIDH y las organizaciones sociales y de Derechos Humanos,
denuncian un contexto violento y sistemático, tanto el Fiscal General de la
Nación Néstor Humberto Martínez como el Viceministro de Defensa Aníbal
Fernández de Soto descartan públicamente la sistematicidad, indicando entonces
que el contexto de los asesinatos son casos aislados. ¿Podríamos hablar de
casos aislados en casi 100 homicidios de líderes con similares características
y agendas de militancia política y social?
Este
tipo de hechos vulneran el tejido social en los territorios y atentan no solo
contra las vidas de los líderes, sino también contra los movimientos, las
causas y el acceso a derechos de miles de personas que se organizan en torno a
sus legítimas demandas. (Comunicado Misión de Paz de la OEA condenando el
asesinato de líderes sociales en el país (MappOEA))[2]
Para
el defensor de Derechos Humanos y Rabino Richard Gamboa, el asesinato de
Defensores de Derechos Humanos obedece a la existencia de un sector fascista
que se niega a participar en la construcción de una cultura de paz estable y
duradera. “Sólo apoyan la guerra quienes viven de ella. En los Acuerdos de Paz
se acordó proteger integralmente a quienes trabajamos como defensores de derechos
humanos, esperamos su inmediata implementación. Estamos lidiando con fascistas
porque uno de los pilares del fascismo es el desconocimiento y desprecio de los
derechos humanos”, agrega.
Ligia
María Aldana, psicóloga especialista en Derechos Humanos, cree que el hecho de
defender los Derechos Humanos ya constituye un riesgo, y se expone a perder la
vida, en especial en las regiones donde no existen garantías para dicha labor.
Dentro
de los Acuerdos de paz se destacó como prioridad el combate de grupos
remanentes de paramilitares, son ellos los responsables de las muertes de
líderes sociales; estos grupos vieron el proceso de dejación de armas como una
oportunidad de expansión territorial, otro reto que tenemos ahora en “tiempos
de paz”.
Noventa
y cuatro familias no tendrán un feliz fin de año, la lucha por la paz, le costó
la vida al “líder de la casa”.



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