Álvaro Uribe enfila baterías con su “nuevo socio” Luis Pérez
La
paz para los pobladores de las comunidades rurales de Antioquia no es un
capricho, ni un oportunismo político. Para ellos la paz va más allá del
silenciamiento de los fusiles, significa conservar vidas y salir del atraso en
el que históricamente los han sumido tanto el departamento como la Nación.
Por: John Jairo Jiménez | Foto: Semana
El
contexto actual implica una agenda pública nacional articulada y volcada al
apoyo, la sana discusión y análisis de la implementación de los acuerdos de La Habana.
La materialización de lo que algunos han denominado el “catálogo de sueños” ha sido
mirado con una gran expectativa a nivel nacional e internacional. No obstante, el
departamento de Antioquia se enfrenta a una polarización política profunda por causa
del Acuerdo de Paz.
Ya
hemos dicho en otros artículos que el Proceso avanza, pero la Paz retrocede, la polarización que hoy se da en Antioquia
puede traer implicaciones negativas como ataques a líderes sociales y
defensores de Derechos Humanos, tal como ha ocurrido en otros momentos políticos
de la historia contemporánea. Pues bien, en el departamento el senador Álvaro Uribe
se empeña en seguir buscando subterfugios, fallas e imprecisiones al Acuerdo de
Paz. El congresista no ha bajado la guardia negando reiteradamente los avances del
Acuerdo de Paz, y ahora enfila baterías con su “nuevo socio”, el gobernador de
Antioquía Luis Pérez Gutiérrez, con quien el expresidente se reunió hace
algunos meses en su finca del Oriente antioqueño.
Hoy
en el departamento se escuchan afirmaciones fanáticas como ésta: “Estamos
listos para acompañar al Gobernador de Antioquia a los sitios donde FARC
pretende imponerle vetos” (Uribe Vélez. 12- 2016). Esto luego del anuncio de
Pérez, donde advierte que visitará los 11 puntos de preagrupamiento de la
guerrilla que existen en Antioquia.
Sabemos
bien que la institucionalidad no debe estar en discusión, pero se nota la falta
de coherencia del Gobernador con
respecto a sus principios liberales, su amor por Gandhi y su plan de desarrollo
“Antioquia Piensa en Grande”.
Pérez
Gutiérrez se quiere mostrar como una figura nacional, lo cual no es malo. Lo
que sí es perverso es la forma en la cual el mandatario antioqueño continúa
atravesando palos en las ruedas a un proceso con el cual, quienes han padecido la
guerra de manera directa en los territorios, hoy están de acuerdo, pues
conciben en éste la posibilidad de empezar a resolver los problemas
estructurarles que los aquejan, tales como: falta de agua potable,
alcantarillado y, en general, solucionar las necesidades básicas insatisfechas
que en algunos municipios como Murindó
superan el 98%, y un índice de analfabetismo que está por encima del 48%.
La
paz para los pobladores de las comunidades rurales de Antioquia no es un
capricho, ni un oportunismo político. Para ellos la paz va más allá del
silenciamiento de los fusiles, significa conservar vidas y salir del atraso en
el que históricamente los han sumido tanto el departamento como la Nación. Y
aunque el posconflicto no significa la paz, están seguros que la implementación
abrirá nuevas formas de relacionarse, mejores oportunidades y mayor desarrollo
humano.
Si
la gobernación de Antioquia quiere aportar a la paz en los territorios, debe iniciar a implementar
programas y proyectos encaminados a disminuir las cifras de analfabetismo y
necesidades básicas insatisfechas, entre otras problemáticas que hoy atentan
contra la dignidad humana. Pérez Gutiérrez no debe enfilar baterías contra un
proceso que apenas es el inicio de la búsqueda de la armonía del departamento y
la nación.
*John Jairo Jiménez es politólogo y asesor para la
implementación de programas de paz



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