Que comiencen los juegos
Alejandro Toro – FIPU
“¡Ein
Volk, ein Reich, ein Führer! -¡Un Pueblo, un Imperio, un Guía!»
Gran
parte del pueblo norteamericano encontró en Donald Trump la seguridad que
necesitaba, alguien que decidiera por ellos, que pudiera decir a los corruptos
(irónico), a los que les generan inseguridades, a los que amenazan de alguna
manera su concepción del mundo: ¡Estás despedido! Como lo hizo cientos de veces
en su taquillero reallity El Aprendiz.
Sin
caer en el discurso más moralista que realista de ver en el fascismo un
demonio, creo que su gobierno tendrá mucho del pensamiento y la acción
planteada por Mussolini:
“El pueblo es el cuerpo del Estado, y el
Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista… Todo en el Estado,
nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.
No
es extraño encontrar coincidencias entre la personalidad autoritaria de Trump,
en el que como pocas veces la palabra jefe de estado queda tan bien aplicada,
puesto que concibe el poder político dado por la democracia como un cargo
asignado en una estructura empresarial que le confiere el poder de mejorar la productividad
individual y colectiva, presentar indicadores de logro, suprimir los flujos de
caja improductivos, mantener el crecimiento aunque esté soportado en la
especulación financiera y finalmente llevar al país a lo que el mismo Mussolini
llamo el Corporacionismo, es decir el estado visto como una gran corporación.
Tras
los hilos de esta nueva elección siempre está el poder velado de las
megacorporaciones que finalmente terminan direccionando las decisiones
estratégicas presidenciales vía congreso y que luego del rescate financiero que
salió del bolsillo los contribuyentes de a pie, retoman las riendas de los
capitales y aceleran la consolidación y expansión de su poder mediante una
figura que les asegura control total.
Lo
que viene es lo mismo, se mantendrán las guerras preventivas (antes de que el
supuesto enemigo crezca), disuasivas (mostrar poder desmesurado para generar
pánico en posibles amenazas), ingreso a las materias primas del mundo con el
menor costo posible, tratados de libre comercio, mayor control político
exterior, flujos de capitales reales y especulativos que mantendrán el
equilibrio a necesidad de su moneda y liderazgo científico y tecnológico que
les asegure la sostenibilidad comercial y bélica.
Aunque
Trump es el presidente, no es el poder real, lo que sí representa es la figura
necesaria por las corporaciones para su plan actual: “¡Ein Volk, ein Reich, ein
Führer!” es decir “¡Un Pueblo, un Imperio, un Guía!»



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