Haití, tierra de explotados y olvidados
La historia se repite una vez más, ningún imperio tiene interés alguno acerca del destino al que llevaron con sus atrocidades a sus excolonias, simplemente llegaron, saquearon y fueron expulsados, o simplemente se fueron cuando ya no era productivo estar en esos territorios.
Por: Andrés Rodas
FIPU
PRESS | Foto: Huracán Mathew / El Español
Haití
fue el primer país de Latinoamérica y Caribe que logró conseguir la
independencia, en 1803 los negros de
Haití propinaron una tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y
Europa no perdonó jamás esta humillación infligida hacia los blancos.
Poco
después, gracias a Haití fue posible la independencia americana que llevó a
cabo Simón Bolívar; pues este pequeño país entregó siete naves y muchas armas y
soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una
idea que al Libertador no se le había pasado por la mente. Bolívar cumplió con
este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran
Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado.
Los
problemas de Haití no surgieron a causa de una maldición por haber hecho un
pacto con el diablo para conseguir la independencia de los colonos
franceses, como aseguró Pat Robertson excandidato
presidencial norteamericano y vocero evangelista en el año 2010, tras el
terremoto que devastó el país.
Es
cierto que esta pequeña patria no ha parado de recibir bofetadas en su corta
existencia como nación. Muchas personas alrededor del mundo piensan que el gran
problema de Haití son sobre todo las catástrofes naturales que han destruido
paulatinamente el país.
El
principal problema que vive Haití es la agravada pobreza en la que está
sumergida la gran mayoría de la población, y esta tiene sus causas.
La
ocupación francesa
del tercio occidental de la isla a finales del siglo XVII (España era la otra
potencia colonizadora) dio como resultado el cultivo intensivo de la caña de
azúcar, acompañado de una salvaje deforestación y pérdida de fertilidad del
suelo, convirtió a Haití en la colonia más productiva de Francia en 1785. Para
entonces, su población esclava ascendía a 700.000 personas, el 85% del total,
frente a los 30.000 de la parte de la isla que seguía siendo española.
La
historia se repite una vez más, ningún imperio tiene interés alguno acerca del
destino al que llevaron con sus atrocidades a sus excolonias, simplemente
llegaron, saquearon y fueron expulsados, o simplemente se fueron cuando ya no
era productivo estar en esos territorios.
Pero
esas potencias a veces tienen gestos esporádicos de solidaridad, pues con ese
lavado de imagen pretenden borrar la instauración de dictaduras y mecanismos
económicos depredadores que desangran a los pueblos.
Aunque
esa solidaridad a veces no llega, el Gobierno haitiano en 2010 aseguró haber
recibido apenas uno por ciento de los cuatro mil millones de dólares donados,
es decir, menos de un centavo por cada dólar. ¿Dónde se quedó el dinero? La
prensa local apuntó a las organizaciones no gubernamentales, gobiernos
extranjeros “comprometidos” con la reconstrucción, y no podían faltar las
empresas privadas forasteras. Todo esto lo han venido realizando sin el control
del gobierno local, hasta el día de hoy.
En
la actualidad, Haití es el país más pobre de Latinoamérica, con una esperanza de
vida que gira en torno a los 60 años, una tasa de desempleo de más del 65%, más
de la mitad de la población se encuentra en situación de extrema pobreza, tiene
una deuda externa que supera los 1000 millones de dólares, la deforestación
arrasó el 98% de los bosques.



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