Una crónica de viaje a la isla de la libertad
Cuba, hace 4 años, es la sede donde, desde diversas formas de concebir el país, tratamos como pueblo de finalizar el conflicto armado de cinco décadas con las FARC-EP.
Por:
Claudia Quintero
FIPU
PRESS
El aire golpea mi rostro y se mezcla
con el olor a gasolina que el viejo “almendrón” despide en cada kilómetro
alcanzado. Las palmeras y el verde sorprenden, adornan cada calle, y un acento
caribeño me da una bienvenida amable y cordial. Así empezaba mi misión en Cuba,
dejando por unos días la rutina del activismo, reuniones, citas, entrevistas,
escritos, discusiones y más discusiones.
Invitada por la Federación de Prensa
de los Pueblos (FIPU), un naciente proyecto de prensa en internet y en las
regiones, del cual hago parte como escritora y corresponsal, la idea es
posicionar el trabajo “Bandas Criminales y trata de personas”, investigación
que estoy realizando con apoyo de FIPU como un tema de posacuerdo, de paz y de
género. Para ello solicitamos reuniones informales con la delegación de paz de
las FARC y con la coordinadora de la subcomisión de género Victoria Sandino.
Un documento corto de 80 páginas es el
borrador que llevamos para la incidencia, con mapas y tablas tratamos de explicar
cómo el paramilitarismo posdesmovilización afecta los derechos humanos de los
ciudadanos en el campo y la ciudad, utilizando especialmente a mujeres, niñas y
niños como esclavos de sus cometidos delincuenciales.
FIPU ha venido ganando espacios dentro
de la prensa no tradicional en Colombia, no como un medio para la paz
exclusivamente, también como un medio dónde se mira desde Colombia al resto de
Nuestra América y el mundo desde las realidades políticas y diversas que las
grandes empresas de la información por agenda no visibilizan.
Viajamos con María Cecilia Mosquera,
una sobreviviente del conflicto armado que viene haciendo incidencia en el tema
de la paz, que a pesar de sus inmensas heridas espirituales, y físicas, se
atreve a poner la cara y decir: “Que dialoguen”, “necesitamos la paz”.
María sufrió en Machuca (Antioquia)
quemaduras de alto alcance que le perjudicaron su cuerpo, y las llamas de la
guerra se llevaron a sus hijos y marido, asolando a su pueblo en un incendio
que se produjo del accionar del ELN en la zona, cuando se atacó infraestructura
petrolera.
Hospedada junto a María, he aprendido
que mi historia realmente no se compara con la de ella y la de tantos que, a
pesar del sufrimiento, hablan de paz y se la juegan por ese sueño.
Gustavo es el cubano que con
autorización del Gobierno nos alquila la casa de hospedaje; es conversador,
inteligente y convencido del diálogo. Él mismo lo pide para su país y para el
mundo... “El diálogo es la salida”, asegura.
Me invitó a conocer su familia,
también a saborear la sazón de su casa y el café cubano, mucho más fuerte, más
dulce y de olor más alborotador que nuestro café colombiano. Pollito guisado,
con papa, arrocito y mucha salsita; al final el dulce cafecito.
Su esposa es una médica, encargada de
investigaciones de alto nivel en Cuba de carácter genético; su hijo es
ingeniero y está en Brasil trabajando en la trasmisión de los juegos olímpicos,
su suegro con orgullo me lo presentan como “internacionalista”, quien combatió
en Angola; su suegra una orgullosa exponente de la revolución, en pocos minutos
me dio una clase de historia sobre la lucha del pueblo cubano. También me
obsequió unos libros que según ella fortalecerán mi lucha, pero el que más me
enamoró es el diario del Che en Bolivia. ¡Qué simbólico!
El director de FIPU, David Alejandro
Toro, aparte de ser un líder, es un amigo. Alejo es un conferencista
internacional, que se dedica a trabajar enseñando a otros a “restaurar sus
sueños” y así financia lo que más le gusta que es el trabajo social, la
comunicación para la paz y su apoyo incansable por la terminación del conflicto
armado en Colombia. En esta oportunidad socializa en La Habana el gran
concierto “La Guerra del Amor”, (9 de septiembre, 1:00 pm, Plaza de Bolívar,
Bogotá) artistas unidos por la paz de Colombia, con la participación de Piero,
León Gieco, Víctor Heredia, Martha Gómez, Maia, Andrea Echeverri, Doctor
Krápula, Alejandro Lerner, Binomio de Oro, entre otros. Otro de los grandes
sueños, convertidos en retos y realidades.
Pudimos socializar el trabajo por la
paz con varios miembros de la delegación de paz de las FARC-EP. Lo que más nos
sorprendió fue la sensibilidad de aquellos guerreros, que se enfrentaron al
establecimiento pero ahora emprenden su lucha titánica por la finalización del
conflicto y la oportunidad de participar políticamente y producir cambios
favorables para quienes siempre han sido históricamente excluidos en el país.
Seguiremos incidiendo y aportando a la construcción de una paz real en
Colombia, ahora con el propósito de que también el Ejército de liberación
Nacional (ELN) haga parte de un diálogo que nos permita creer en una paz
completa.



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