La Polarización de la Esperanza a la Frustración (Segunda parte)
Crónica para entender la compleja situación del Brasil vista desde la
población
Por: Elkin Páez Chingal
Director y Gestor Opção Talento | Brasil
Imagen tomada de: Mdemulher
Imagen que representa la esperanza de unidad entre un
partidario de Dilma y otro de la oposición, gesto realizado por parte de la
población común en medio de la polarización que vive el país, el día de la
votación en la Cámara de Representantes, 17 de abril, con la aprobación del
primer paso para la destitución de Dilma. Manifestación de la población que se preocupa
por el país más allá de los intereses y maniobras políticas detrás del juicio o
el golpe de estado de Dilma según el punto de vista y la incerteza de las
consecuencias que esto traerá.
La salida de Dilma, el dilema entre un juicio de destitución o un golpe
de estado
Este mes de agosto de 2016 estará marcado por un
evento sin precedentes en el Brasil, y no exactamente por los juegos olímpicos
que ya están dando de qué hablar por la falta de organización, sino por la
incerteza de las consecuencias que traerá el segundo juicio político de
destitución de un presidente elegido democráticamente, impeachment de Dilma
Rousseff (PT), o por lo que también se considera como el décimo golpe de estado
en el Brasil, después de la proclamación de la República.
Todo va a depender de lo que el Senado juzgue sobre el
informe leído el 2 de agosto que confirmó la existencia de pruebas del delito
de Responsabilidad Fiscal de la Presidente de la República, informe elaborado
por el relator senador Anastasia (PSDB), aprobado el 4 de agosto por votación
de la comisión del Senado que aprecia el caso. Los siguientes 2 pasos son la
votación en plenaria del Senado el 9 de agosto por mayoría simple que daría
continuidad al juicio final que acontecería a partir del 25 de agosto para la
destitución “impeachment”, como tiene previsto el presidente del senado Renan
Calheiros (PMDB) y deberá ser confirmado y dirigido por el presidente del
Supremo Tribunal de Justicia.
La división y polarización existente, no solo de
intereses, como ideológica, está afectando emocionalmente a la población que se
resiente por la desmoralización y frustración de la caída de un país que hasta
hace poco ocupaba el séptimo lugar en el ranking mundial, ejemplo de
estabilidad económica, política que generaba orgullo en la población por sus
grandes empresas, Petrobras, Odebrech, Vale, entre otras, pero que ahora se
encuentran en el ojo del huracán por ser parte de la crisis económica
instalada, falta de gobernabilidad, profunda pérdida de credibilidad en el
sistema político del país, por los casos de corrupción y desvío de dinero que
desangraron al país.
La polarización ideológica se ve aún más ensombrecida
por la crisis moral evidenciada, ya que los partidos políticos de oposición PMDB,
PSDB, DEM entre otros, más de 20 que juzgan y consideran a la presidente y el
PT como los más corruptos, pero que tienen mucho más que responder al ser
mencionados por los delatores en casos concretos de corrupción, como ejemplo el
que produjo la caída del presidente de la Cámara de Representantes Eduardo
Cunha PMDB y de muchos más políticos mencionados de los cuales muy pocos se salvan. Lo que no le ha
dado hasta ahora autoridad ni legitimidad al gobierno provisorio Michael Temer
PMDB, que por cierto, fue el vicepresidente de Dilma durante 6 años y no asume
responsabilidad alguna de lo que hizo o no hizo durante el tiempo que estuvo
con ella.
¿Cómo entender esta crisis? ¿Por qué es tan difícil
afirmar si el proceso de destitución de la presidente es legítimo o un golpe de
estado? Es un análisis complejo pero que haré a partir de la reflexión de lo
vivido justamente hace 13 años cuando llegue al Brasil y que comenzó el
gobierno de Lula y Dilma.
De la esperanza a la frustración
En el año de 2003, cuando llegué a Brasil, vivencié la
mejor de las experiencias al ver hecho realidad un proyecto político de lucha
por la garantía de derechos humanos y mejoramiento de la condición social, en
equilibrio con la economía, la conciliación entre un modelo social y un modelo
capitalista. Lula con su personalidad cautivadora y representante de la clase
obrera que llegaba al poder, contaba con la madurez necesaria y fuerza para gobernar
asumiendo el protagonismo con la historia.
A pesar que en sus 8 años de gobierno, Lula fue
cuestionado e investigado por el esquema de desvío de dinero o caja 2 llamado
de Mensalón, pagamento de coimas mensuales de empresas públicas al partido
político del PT y aliados, del cual fueron presos varios miembros de su campaña
electoral y miembros importantes del PT, fue librado y reelegido, gracias a su
popularidad en alto, siendo garantizado por el crecimiento del país
especialmente en las clases sociales menos favorecidas que permitieron que más de
40 millones de brasileros subieran a la clase media.
La autonomía energética del país con la estatización
de Petrobras, modelo de administración que la llevó a ocupar el primer lugar de
América Latina durante varios años; instalación servicios públicos en sectores
olvidados del país como el Nordeste, grandes proyectos como hidroeléctricas, el
desvió de un gran rio para llevar agua a zonas secas del país, el
descubrimiento del Pre Sal como fuente de petróleo en el fondo del mar con
tecnología propia para explotarlo, eran solo algunos de los logros que
generaban el orgullo patrio de un país que se quería posicionar como el gigante
de América con voz y voto en el mundo.
Son muchos más los logros en tan solo 13 años de
gobierno, como aparecen en la página oficial del PT, tanto de Lula como de
Dilma y que son reconocidos por toda la población, inclusive de la oposición,
en áreas como educación, trabajo, agricultura e infraestructura, (http://www.pt.org.br/com-o-pt-brasil-completa-13-anos-de-conquistas/). El sueño americano y de oportunidades se encontraba en el Brasil para
los brasileros, que consiguieron inclusive pagar la deuda externa y
sobreponerse a las crisis económicas mundiales al fomentar el consumo interno,
impulsando la industria brasilera.
En resumen, un escenario fantástico que viví en 10 de
los 13 años desde que llegué al Brasil, con recursos para proyectos y ejemplo
de modelo económico y político a ser seguido.
¿Pero qué fue entonces lo que paso para que se llegara
a esta crisis en tan poco tiempo de gobierno?, ¿por qué la cuenta de cobro se
dio ahora, con la posibilidad de colocar al expresidente Lula en la cárcel y la
impopularidad de la presidente Dilma, y a quienes la culpan por la grave crisis
actual del Brasil?
La crisis comenzó a sentirse a finales del 2013 con la
pérdida de empleos de miles de trabajadores, denuncias de corrupción, que eran
fuertemente dispersos por las propagandas de gobierno de inversión a programas
sociales, que dieron mejoría real para más de 50 millones de personas que nunca
habían sido tenido en cuenta, de los cuales 36 millones estaban debajo de la
línea de la pobreza.
El problema se agudizó porque en 2014 se realizarían
nuevas elecciones presidenciales, apostando todo en la reelección de la
presidente Dilma, por lo cual no podía reconocerse que la economía no estaba en
su mejor momento, generándose grande cantidad de despidos, la entrega de
recursos sociales estaba comprometida y comenzaba a fallar como Mi casa mi vida
o bolsa familia o plan Safra para pequeños agricultores y que para 2016
llevaron a más de 10 millones de desempleados, justamente de grandes
emprendimientos ahora abandonados a su suerte.
Internamente en el gobierno se comenzaba a dar una
crisis de identidad dentro del PT, entre partidarios de mantener el vínculo con
proyectos privados capitalista y partidarios tradicionales de izquierda que decidieron
asumir una posición estatal donde el gobierno que asumiera todo, acabando de
esta forma muchos contratos con Instituciones sociales que administraban
servicios públicos, haciéndolo sin organización o un mínimo de planeación, lo
cual genero despidos, la decadencia de la salud pública, la educación, falta de
mantenimiento a la infraestructura, el transporte y servicios sociales sin
recursos, y provocando el mayor miedo de los brasileros, el regreso de la
inflación que en los años 80 acabó con los ahorros de toda la población antes
de la estabilización de la económica con el Plan Real.
Los problemas eran evidentes en 2014 pero todo se
negaba corriendo el riesgo de perder las elecciones, la población comenzó a
manifestarse, coincidiendo con fuertes protestas antes de la Copa
Confederaciones en 2013 y en la Copa Mundo de 2014, donde el escándalo de los
sobrecostos de estadios y obras importantes de infraestructura prometidas nunca
fueron concluidas.
Salieron a flote escándalos como el sobrecosto en la
compra de una refinería de petróleo, obsoleta en Estados Unidos, justamente en
el periodo que Dilma era ministra de Minas y Energía del gobierno Lula y
presidente del Consejo de la Petrobras, aspectos que nunca fueron juzgado o
asumidos por Dilma en la época y que hasta ahora se han sacado a la luz, pero
que hacían pensar que ella sería una excelente presidente organizada y técnica,
lo que no aconteció.
La población se sentía frustrada, pero la esperanza en
lo que Lula había conseguido como nunca en la historia, la propaganda estatal que
generaban el miedo de la población más pobre de perder sus derechos, se
impusieron en las controversiales elecciones, incluso marcada por la muerte con
la caída del avión de un fuerte candidato presidencial, hasta ahora poco
explicada.
Un triunfo del PT, que en nada se compara a los votos
conseguidos por Lula, con muy poco margen para la reelección de Dilma con 54 millones
de votos 51% contra 51 millones de votos para Aecio Neves PSDB48%, candidato también
fuertemente mencionado por corrupción.
La indignación y fuerte polarización de la población
no han permitido generar una opinión clara para definir si es un golpe o un
juicio legal de destitución, pero lo que es cierto es que en medio de la
frustración o rio revuelto, se aprovechó el vicepresidente Michel Temer,
personaje oculto en la sombra, de misterio quien a través de articulaciones
casi maquiavélicas ha conseguido librarse de responsabilidades hasta apoderarse
del poder, como el escorpión que subió en las espaldas del elefante y le clavó
su veneno hasta dejarlo inmune al mismo.
Articulaciones que buscan ocultar los robos y
artimañas que partidos tradicionales venían haciendo durante mucho tiempo e
incluso otras actuaciones y omisiones más graves en la forma de administrar el
país por parte de Dilma, pero que en sí son menos graves que otros delitos
comprobados de robos billonarios de políticos con cuentas en Suiza, justamente
que llevaron a la quiebra de grandes empresas y fuerte crisis económica sentida
en el país.
Se culpa de todo a Dilma, pero se ve que la corrupción
es más profunda que utilizarla como chico expiatorio. Pero se aprovecharon de
su inexperiencia o presión para pagar una infracción, “Delito de
Responsabilidad Fiscal”, como si por pasar un semáforo en rojo, fuera agravado
como el mayor de los delitos a punto de sacarla definitivamente del poder. Pero
a pesar de todas los argumentos reales de la defensa, ella está a punto de
salir por lo que no está siendo juzgada pero todos le cobran, como lo fue su
falta de gobernabilidad y de articulación, así como la falta de honestidad,
mintiendo al país sobre la crisis económica para salvar su reelección, valiendo
de fraude fiscal para maquillar las cuentas y cerrar los ojos a tantos casos de
corrupción dentro de su propio partido y se omitir de denunciar lo que ya
estaban haciendo los partidos tradicionales.
A pesar de todo, el
hecho de destapar la olla podrida con la operación lavajato de la policía
federal, ver las instituciones de gobierno con su autonomía para juzgar,
expresarse, movimientos sociales que quieren defender la democracia y una
población cada vez más cuestionadora de sus gobernantes, son la esperanza para
garantizar los derechos de los menos favorecidos y gobernar no solo para 54 millones
de votantes de Dilma, pensando en gobernar para los más de 200 millones de
brasileros y brasileras que son la población de esta patria amada Brasil,
acogedora por su propia naturaleza.



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