Acuerdo Final: Reincorporación y no repetición
Diferentes talentos componen a la guerrilla de las FARC, una fuerza beligerante que también, como vemos, es académica, política y social, confirmada por diversas expresiones que ya en la escena política serán de gran aporte a la democracia colombiana.
Por: Claudia Quintero
FIPU
Press | Foto: Natalia Margarita
La
reincorporación de los miembros de la guerrilla a la vida civil, representa uno
de los retos más grandes del proceso de paz. Evitar un genocidio como el de la Unión
Patriótica (UP) y prevenir la estigmatización o persecución, es responsabilidad
del colectivo y no únicamente del gobierno.
El
Comunicado Conjunto No. 93, expedido por las delegaciones de paz este 24 de
agosto, destaca el punto 3 del acuerdo “Cese al Fuego y de Hostilidades
Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas”, que tiene como objetivo la
terminación definitiva de las acciones ofensivas entre la Fuerza Pública y las
FARC-EP; dentro de este punto, está el acuerdo “Reincorporación de las FARC-EP
a la vida civil –en lo económico, lo social y lo político– de acuerdo con sus
intereses”, que busca sentar las bases para la construcción de una paz estable
y duradera, que requiere necesariamente la reincorporación efectiva de las
FARC-EP a la vida social, económica y política del país.
“La reincorporación
ratifica el compromiso de las FARC-EP de cerrar el capítulo del conflicto
interno, convertirse en actor válido dentro de la democracia y contribuir
decididamente a la consolidación de la convivencia pacífica, a la no repetición
y a transformar las condiciones que han facilitado la persistencia de la
violencia en el territorio”, afirma el comunicado conjunto.
Con
la firma del acuerdo final se creará el Consejo Nacional de la Reincorporación
(CNR), esta entidad estará conformada por dos miembros del Gobierno y dos de
las FARC-EP. Desde este consejo se van a definir las actividades y el
cronograma que dará curso a la reincorporación, creará también: “Consejos Territoriales de la
Reincorporación paritarios en los términos y condiciones y con las funciones
que defina el CNR. Estos Consejos serán organizados a la firma del Acuerdo
final. El CNR podrá invitar a instituciones, organizaciones sociales u
organismos internacionales para el desarrollo de sus funciones”.
Diferentes
talentos componen a la guerrilla de las FARC, una fuerza beligerante que
también, como vemos, es académica, política y social, confirmada por diversas
expresiones que ya en la escena política serán de gran aporte a la democracia
colombiana. La reincorporación a “la civil” abre una puerta donde los
guerrilleros vendrán a aportar desde su conocimiento y formación a la
construcción de nuevos paradigmas de convivencia en Colombia.
Profesores,
investigadores, periodistas, médicos, campesinos, zapateros y hasta amas de
casa conforman las FARC, en las fotos de las pedagogías de paz notamos rostros
de diferentes tonos y etnias que se entremezclan en el verde del camuflado y la
naturaleza que les rodea, esas son las FARC, a quienes esperamos a “este lado”
en la vida civil, ese es el movimiento
que abrazará el pueblo colombiano, después de lograr lo que ningún movimiento
pudo en los últimos años, sentar a dialogar a un gobierno de la derecha y a sus
corporaciones, reconocer el conflicto y sus víctimas y contribuir al reconocimiento
de las acciones que desde el Estado colombiano violaron los derechos humanos,
en una guerra que por mucho tiempo ha favorecido a una minoría.
El
2 de octubre iremos a las urnas a tomar decisiones colectivas de gran peso como
Nación, una de esas es decidir por los –creo yo– 14 mil combatientes de las
FARC. Muchos de ellos víctimas del conflicto que, acorralados por las balas
paramilitares o estatales, no tuvieron más opción que ingresar a las filas de
las FARC para “protegerse”, (así entre comillas) pues en la guerra no hay
garantías de resguardar la vida. Todo está en riesgo extremo.
La
ratificación de los acuerdos, un instrumento para mi innecesario, considerando
la paz como un derecho de obligatorio cumplimiento, pero finalmente será un
instrumento que nos va a “pellizcar” como pueblo. La campaña por el “sí”, es la
unidad representada en las urnas y es la mano estrechada a quienes combatieron
al establecimiento en las armas y ahora lo enfrentarán en la batalla de ideas,
que se dará desde un lugar que se espera sea amplio, político y no politiquero,
pero sobre todo en un ambiente de reconciliación.
Los
colombianos y colombianas de las FARC, que serán reincorporados en la vida
civil, serán quizás los próximos profesores de veredas, médicos de centros
comunitarios, políticos regionales o nacionales, gestores sociales, promotores
de salud, o simplemente el señor que nos llevará el pan a la mesa cada mañana,
amasando con la certeza que no será estigmatizado, y podrá gozar de los
derechos fundamentales que tenemos todos los colombianos.
El
acuerdo contempló el desarrollo económico de los futuros excombatientes y dicho
proceso tendrá lugar desde la organización de economía social y solidaria,
denominada Economías Sociales del Común (Ecomún), los integrantes de la guerrilla
de las FARC podrán producir y crecer en proyectos de desarrollo económico.
Mi
cuestionamiento final es: ¿está preparada la sociedad colombiana y sus
instituciones para semejante reto de reincorporar sujetos políticos a la vida
social? Lo cuestiono más allá del
concepto del “desmovilizado”, aquí no hablamos de desmovilizados, hablamos de
participantes de un proceso militar y político que, en aras de construir la
paz, se desmilitarizan para participar desde lo social, con necesidades de
reconstruir el tejido familiar o filial que la guerra seguramente destruyó. El
gobierno deberá dejar priorizar los procesos centralizados en Bogotá y
articular con las organizaciones sociales para que participen activamente del
Consejo Nacional para la Reincorporación, empezando así a construir espacios de
encuentro, de escucha de reconciliación y de acompañamiento a los
reincorporados.



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