Acuerdo Final de paz entre Gobierno y FARC
La terminación de la confrontación armada significará, en primer lugar, el fin del enorme sufrimiento que ha causado el conflicto. Son millones los colombianos y colombianas víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles los muertos, decenas de miles los desaparecidos de toda índole.
Comunicado
Conjunto # 93, Anuncio de Acuerdo Final, integral y definitivo
La Habana, Cuba, 24 de agosto de 2016
Foto: @NCprensa
Las
delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP anunciamos que hemos
llegado a un Acuerdo Final, integral y definitivo, sobre la totalidad de los
puntos de la Agenda del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la
Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia. [Descargar Acuerdo]
PREÁMBULO
Recordando
que los diálogos de La Habana entre delegados y delegadas del Gobierno
Nacional, presidido por el Presidente Juan Manuel Santos y delegados y
delegadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del
Pueblo, con la decisión mutua de poner fin al conflicto armado nacional,
tuvieron origen como resultado del Encuentro Exploratorio sucedido en la capital
de la República de Cuba entre el día 23 de febrero y el día 26 de agosto de
2012;
Teniendo
presente que como resultado de los diálogos exploratorios referidos se produjo
un Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz
Estable y Duradera, firmado en la fecha última citada ante testigos nacionales
y ante delegados de la República de Cuba y del Reino de Noruega que sirvieron
igualmente como testigos, y que, desde entonces, asienten el proceso como
países garantes;
Poniendo
de presente que la República Bolivariana de Venezuela y la República de Chile
se han aprestado en todo momento a sus buenos oficios como países acompañantes;
Recordando
que en desarrollo de la agenda aprobada en el Acuerdo en mención se dio inicio
a la Mesa de Conversaciones el día 18 de octubre de 2012 en la ciudad de Oslo,
capital del Reino de Noruega, para luego continuar en la capital cubana sin
solución de continuidad hasta el día de hoy que se firma el Acuerdo Final para
la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera;
Subrayando
que el Acuerdo Final que se suscribe en la fecha corresponde a la libre
manifestación de la voluntad del Gobierno Nacional y de las FARC-EP, al haber
obrado de buena fe y con la plena intención de cumplir lo acordado;
Teniendo
presente que el Artículo 22 de la Constitución Política de la República de
Colombia impone la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento;
que el Artículo 95 afirma que la calidad de colombiano enaltece a todos
los miembros de la comunidad nacional por lo que es deber de todos
engrandecerla y dignificarla; que el ejercicio de los derechos y libertades
reconocidos en la Constitución implica responsabilidades, entre ellas,
propender al logro y mantenimiento de la paz;
Subrayando
que la paz ha venido siendo calificada universalmente como un derecho humano, y
requisito necesario para el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de
las personas y la ciudadanía;
Poniendo
de presente que el Acuerdo Final recoge todos y cada uno de los acuerdos
alcanzados sobre la Agenda del Acuerdo General suscrito en La Habana en agosto
de 2012; y que para alcanzarlo el Gobierno Nacional y las FARC-EP siempre y en
cada momento nos ceñimos al espíritu y respeto de la Constitución Nacional, de
los principios del Derecho Internacional, del Derecho Internacional de los
Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario (Convenios y
Protocolos), de lo mandado por el Estatuto de Roma (Derecho Internacional
Penal), de los fallos proferidos por la Corte Interamericana de Derechos
Humanos relativos a los conflictos y su terminación, y demás sentencias de
competencias reconocidas universalmente y pronunciamientos de autoridad
relativos a los temas suscritos;
Recordando
que el Artículo 94 manifiesta que “la enunciación de los derechos y garantías
contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no
debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona
humana, no figuren expresamente en ellos”, que los tratados sobre derechos
humanos, aprobados por el Congreso, y que no pueden ser suspendidos ni siquiera
durante los estados de excepción, prevalecen en el orden interno;
Poniendo
en consideración que la suma de los acuerdos que conforman el Acuerdo Final
contribuyen a la satisfacción de derechos fundamentales como son los derechos
políticos, sociales, económicos y culturales, y los derechos de las víctimas
del conflicto a la verdad, la justicia y la reparación, el derecho de los
niños, niñas y adolescentes, el derecho fundamental de la seguridad jurídica
individual o colectiva y la seguridad física, y el derecho fundamental de cada
individuo en particular y de la sociedad sin distingos en general, a la no
repetición de la tragedia del conflicto armado interno que con el presente
Acuerdo se propone superar;
Subrayando
que el Acuerdo Final presta especial atención a los derechos fundamentales de
las mujeres, los de los grupos sociales vulnerables como son los pueblos
indígenas, las niñas, niños y adolescentes, las comunidades afrodescendientes y
otros grupos étnicamente diferenciados; los derechos fundamentales de los
campesinos y campesinas, los derechos esenciales de las personas en
condición de discapacidad y de los desplazados por razones del conflicto; los
derechos fundamentales de las personas adultas mayores y de la población LGBTI;
Considerando
que a juicio del Gobierno Nacional las transformaciones que conlleva la
implementación del presente Acuerdo deben contribuir a reversar los efectos del
conflicto y a cambiar las condiciones que han facilitado la persistencia de la
violencia en el territorio; y que a juicio de las FARC-EP dichas
transformaciones deben contribuir a solucionar las causas históricas del
conflicto, como la cuestión no resuelta de la propiedad sobre la tierra y
particularmente su concentración, la exclusión del campesinado y el atraso de
las comunidades rurales, que afecta especialmente a las mujeres, niñas y niños.
Valorando
y exaltando que el eje central de la paz es impulsar la presencia y la acción
eficaz del Estado en todo el territorio nacional, en especial en múltiples
regiones doblegadas hoy por el abandono, por la carencia de una función pública
eficaz, y por los efectos del mismo conflicto armado interno; que es meta
esencial de la reconciliación nacional la construcción de un nuevo paradigma de
desarrollo y bienestar territorial para beneficio de amplios sectores de la
población hasta ahora víctima de la exclusión y la desesperanza;
Reconociendo
los derechos de la sociedad a una seguridad humana integral con participación
de las autoridades civiles;
Exaltando
y consagrando la justicia prospectiva en tanto reconoce derechos fundamentales
esenciales para las nuevas y futuras generaciones como son el derecho a una
tierra preservada, el derecho a la preservación de la especie humana, el
derecho a conocer sus orígenes y su identidad, el derecho a la exención de
responsabilidades por las acciones cometidas por las generaciones precedentes,
el derecho a la preservación de la libertad de opción, y otros derechos, sin
perjuicio de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la
reparación;
Recordando
que el pasado 23 de junio del año en curso, las Delegaciones del Gobierno
Nacional y de las FARC-EP suscribieron en la capital cubana los acuerdos de
Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas
y Garantías de Seguridad, en presencia del Presidente de los Consejos de Estado
y de Ministros de la República de Cuba, del Secretario General de Naciones
Unidas, del Presidente de la Asamblea General de la ONU, del Presidente del
Consejo de Seguridad de la misma organización, del Ministro de Relaciones
Exteriores del Reino de Noruega, de los Jefes de Estado de los países acompañantes,
de Jefes de Gobierno de países de la región, del Enviado Especial de los
Estados Unidos de América y del Representante Especial de la Unión Europea;
Aceptando
que las normas de derecho internacional consuetudinario continuarán rigiendo
las cuestiones relacionadas con derechos fundamentales no mencionados en el
Acuerdo Final, incluyendo el mandato imperativo que ordena que “en los casos no
previstos por el derecho vigente, la persona humana queda bajo la salvaguardia
de los principios de humanidad y de la exigencias de la conciencia pública”;
Reconociendo
el mandato constitucional que afirma que corresponde al Presidente de la
República como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad
Administrativa convenir y ratificar acuerdos de paz;
El
Gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia-Ejército del Pueblo, hemos acordado:
Suscribir
el presente Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción
de una Paz Estable y Duradera, cuya ejecución pondrá fin de manera definitiva a
un conflicto armado de más de cincuenta años y que a continuación se consigna.
El
presente Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de
una paz estable y duradera se suscribe por el Gobierno Nacional y las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), como
Acuerdo Especial en los términos del artículo 3 común a los Convenios de
Ginebra de 1949.
El
Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército
del Pueblo (FARC-EP), firman siete originales incluidos sus anexos, uno para
cada una de las partes, uno para cada uno de los países garantes y uno para
cada uno de los países acompañantes. El séptimo ejemplar original se depositará
inmediatamente tras su firma, ante el Consejo Federal Suizo en Berna o ante el
organismo que lo sustituya en el futuro como depositario de las Convenciones de
Ginebra.
INTRODUCCIÓN
Luego
de un enfrentamiento de más de medio siglo de duración, el Gobierno Nacional y
las FARC-EP hemos acordado poner fin de manera definitiva al conflicto armado
interno.
La
terminación de la confrontación armada significará, en primer lugar, el fin del
enorme sufrimiento que ha causado el conflicto. Son millones los colombianos y
colombianas víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles los muertos,
decenas de miles los desaparecidos de toda índole, sin olvidar el amplio número
de poblaciones que han sido afectadas de una u otra manera a lo largo y ancho
del territorio, incluyendo mujeres, niños, niñas y adolescentes, comunidades
campesinas, indígenas, afrocolombianas, negras, palenqueras, raizales y rom,
partidos políticos, movimientos sociales y sindicales, gremios económicos,
entre otros. No queremos que haya una víctima más en Colombia.
En
segundo lugar, el fin del conflicto supondrá la apertura de un nuevo capítulo
de nuestra historia. Se trata de dar inicio a una fase de transición que
contribuya a una mayor integración de nuestros territorios, una mayor inclusión
social -en especial de quienes han vivido al margen del desarrollo y han
padecido el conflicto- y a fortalecer nuestra democracia para que se despliegue
en todo el territorio nacional y asegure que los conflictos sociales se
tramiten por las vías institucionales, con plenas garantías para quienes
participen en política.
Se
trata de construir una paz estable y duradera, con la participación de todos
los colombianos y colombianas. Con ese propósito, el de poner fin de una vez y
para siempre a los ciclos históricos de violencia y sentar las bases de la paz,
acordamos los puntos de la Agenda del Acuerdo General de agosto de 2012, que
desarrolla el presente Acuerdo.
El
Acuerdo está compuesto de una serie de acuerdos, que sin embargo constituyen un
todo indisoluble, porque están permeados por un mismo enfoque de derechos, para
que las medidas aquí acordadas contribuyan a la materialización de los derechos
constitucionales de los colombianos; por un mismo enfoque diferencial y de
género, para asegurar que la implementación se haga teniendo en cuenta la
diversidad de género, étnica y cultural, y que se adopten medidas para las
poblaciones y los colectivos más humildes y más vulnerables, en especial
los niños y las niñas, las mujeres, las personas en condición de discapacidad y
las víctimas; y en especial por un mismo enfoque territorial.
El
enfoque territorial del Acuerdo supone reconocer y tener en cuenta las
necesidades, características y particularidades económicas, culturales y
sociales de los territorios y las comunidades, garantizando la sostenibilidad
socio-ambiental; y procurar implementar las diferentes medidas de manera
integral y coordinada, con la participación activa de la ciudadanía. La
implementación se hará desde las regiones y territorios y con la participación
de las autoridades territoriales y los diferentes sectores de la sociedad.
La
participación ciudadana es el fundamento de todos los acuerdos que constituyen
el Acuerdo Final. Participación en general de la sociedad en la construcción de
la paz y participación en particular en la planeación, la ejecución y el
seguimiento a los planes y programas en los territorios, que es además una
garantía de transparencia.
Además,
la participación y el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad
contribuyen a la construcción de confianza y a la promoción de una cultura de
tolerancia, respeto y convivencia en general, que es un objetivo de todos los
acuerdos. Décadas de conflicto han abierto brechas de desconfianza al interior
de la sociedad, en especial en los territorios más afectados por el conflicto.
Para romper esas barreras se requiere abrir espacios para la participación
ciudadana más variada y espacios que promuevan el reconocimiento de las
víctimas, el reconocimiento y establecimiento de responsabilidades, y en
general, el reconocimiento por parte de toda la sociedad de lo ocurrido y de la
necesidad de aprovechar la oportunidad de la paz.
Por
lo anterior, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, con el ánimo de consolidar
aún más las bases sobre las que edificará la paz y la reconciliación nacional,
una vez realizado el plebiscito, convocarán a todos los partidos, movimientos
políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran
ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales
necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un
nuevo marco de convivencia política y social.
*
El
Acuerdo Final contiene los siguientes puntos, con sus correspondientes
acuerdos, que pretenden contribuir a las transformaciones necesarias para
sentar las bases de una paz estable y duradera.
El
Punto 1 contiene el acuerdo “Reforma Rural Integral”, que contribuirá a la
transformación estructural del campo, cerrando las brechas entre el campo y la
ciudad y creando condiciones de bienestar y buen vivir para la población rural.
La “Reforma Rural Integral” debe integrar las regiones, contribuir a erradicar
la pobreza, promover la igualdad y asegurar el pleno disfrute de los derechos
de la ciudadanía.
El
Punto 2 contiene el acuerdo “Participación política: Apertura democrática para
construir la paz”. La construcción y consolidación de la paz, en el marco del
fin del conflicto, requiere de una ampliación democrática que permita que
surjan nuevas fuerzas en el escenario político para enriquecer el debate y la
deliberación alrededor de los grandes problemas nacionales y, de esa manera,
fortalecer el pluralismo y por tanto la representación de las diferentes
visiones e intereses de la sociedad, con las debidas garantías para la
participación y la inclusión política.
En
especial, la implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y
profundización de la democracia en cuanto implicará la dejación de las armas y
la proscripción de la violencia como método de acción política para todas y
todos los colombianos a fin de transitar a un escenario en el que impere la
democracia, con garantías plenas para quienes participen en política, y de esa
manera abrirá nuevos espacios para la participación.
El
Punto 3 contiene el acuerdo “Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y
Definitivo y la Dejación de las Armas”, que tiene como objetivo la terminación
definitiva de las acciones ofensivas entre la Fuerza Pública y las FARC-EP, y
en general de las hostilidades y cualquier acción prevista en las reglas que
rigen el Cese, incluyendo la afectación a la población, y de esa manera crear
las condiciones para el inicio de la implementación del Acuerdo Final y la
dejación de las armas y preparar la institucionalidad y al país para la reincorporación
de las FARC-EP a la vida civil.
Contiene
también el acuerdo “Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil –en lo
económico, lo social y lo político- de acuerdo con sus intereses”. Sentar las
bases para la construcción de una paz estable y duradera requiere de la
reincorporación efectiva de las FARC-EP a la vida social, económica y política
del país. La reincorporación ratifica el compromiso de las FARC-EP de cerrar el
capítulo del conflicto interno, convertirse en actor válido dentro de la
democracia y contribuir decididamente a la consolidación de la convivencia
pacífica, a la no repetición y a transformar las condiciones que han facilitado
la persistencia de la violencia en el territorio.
El
Punto 3 también incluye el acuerdo sobre “Garantías de seguridad y lucha contra
las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que
atentan contra defensores y defensoras de derechos humanos, movimientos
sociales o movimientos políticos, incluyendolas organizaciones criminales que
hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo,
y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de
los acuerdos y la construcción de la paz”. Para cumplir con este fin, el
acuerdo incluye medidas como el Pacto Político Nacional; la Comisión Nacional
de Garantías de Seguridad; la Unidad Especial de Investigación; el Cuerpo Élite
en la Policía Nacional; el Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la
Política; el Programa Integral de Seguridad y Protección para las Comunidades y
Organizaciones en los Territorios; y las Medidas de Prevención y Lucha contra
la Corrupción.
El
Punto 4 contiene el acuerdo “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”. Para
construir la paz es necesario encontrar una solución definitiva al problema de
las drogas ilícitas, incluyendo los cultivos de uso ilícito y la producción y
comercialización de drogas ilícitas. Para lo cual se promueve una nueva visión
que dé un tratamiento distinto y diferenciado al fenómeno del consumo, al
problema de los cultivos de uso ilícito, y a la criminalidad organizada
asociada al narcotráfico, asegurando un enfoque general de derechos humanos y
salud pública, diferenciado y de género.
El
Punto 5 contiene el acuerdo “Víctimas”. Desde el Encuentro Exploratorio de
2012, acordamos que el resarcimiento de las víctimas debería estar en el centro
de cualquier acuerdo. El acuerdo crea el Sistema Integral de Verdad, Justicia,
Reparación y No Repetición, que contribuye a la lucha contra la impunidad
combinando mecanismos judiciales que permiten la investigación y sanción de las
graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho
Internacional Humanitario, con mecanismos extrajudiciales complementarios que
contribuyan al esclarecimiento de la verdad de lo ocurrido, la búsqueda de los
seres queridos desaparecidos y la reparación del daño causado a personas, a
colectivos y a territorios enteros.
El
Sistema Integral está compuesto por la Comisión para el Esclarecimiento de la
Verdad, la Convivencia y la No Repetición; la Unidad Especial para la Búsqueda
de Personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto
armado; la Jurisdicción Especial para la Paz; las Medidas de reparación
integral para la construcción de la paz; y las Garantías de No Repetición.
El
Punto 6 contiene el acuerdo “ Mecanismos de implementación y verificación” en
el que se crea una “Comisión de implementación, seguimiento y verificación del
Acuerdo Final de Paz y de resolución de diferencias”, integrada por
representantes del Gobierno Nacional y de las FARC-EP con el fin, entre otros,
de hacer seguimiento a los componentes del Acuerdo y verificar su cumplimiento,
servir de instancia para la resolución de diferencias, y el impulso y
seguimiento a la implementación legislativa.
Adicionalmente
crea un mecanismo de acompañamiento para que la comunidad internacional
contribuya de distintas maneras a garantizar la implementación del
Acuerdo Final y en materia de verificación se pone en marcha un modelo con un
componente internacional integrado por los países que durante el proceso han
tenido el papel de garantes y acompañantes y dos vocerías internacionales, todo
ello soportado en la capacidad técnica del Proyecto del Instituto Kroc de
Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame de los Estados
Unidos.
*
Las
delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP reiteramos nuestro profundo
agradecimiento a todas las víctimas, las organizaciones sociales y de Derechos
Humanos, las comunidades incluyendo los grupos étnicos, a las organizaciones de
mujeres, a los campesinos y campesinas, a los jóvenes, la academia, los
empresarios, la Iglesia y comunidades de fe, y en general a los ciudadanos y
ciudadanas que participaron activamente y que a través de sus propuestas
contribuyeron al Acuerdo Final. Con su participación lograremos la
construcción de una paz estable y duradera.



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