Mujeres de Cúcuta construyen paz y reconciliación con “mandalas de sanación”
La palabra mándala o mandala proviene del sánscrito, y significa Círculo Sagrado. Es un símbolo de sanación, totalidad, unión, integración, el absoluto.
Por: Claudia Quintero
FIPU
PRESS | COLOMBIA
Bajo
el poder del “bloque Catatumbo”, Norte de Santander fue una de las regiones más
afectadas por la guerra en Colombia; el paramilitarismo se ensañó con líderes
sociales, mujeres, jóvenes. Cúcuta cuenta más de 120 mil víctimas del conflicto
y un camino por recorrer respecto a la paz.
En
el año 2013, John Jácome, un periodista nortesantandereano reveló que la Fiscalía
documentó 39 casos de violencia sexual cometidos por los paramilitares en el
departamento. Su artículo “El infierno de 39 mujeres en el Catatumbo” es una muestra de la violencia de
género que causó las autodefensas en ésta zona.
Cúcuta,
mi tierra natal, después de 12 años, volverla a recorrer, volverla a sentir,
volverla a vivir; no era una experiencia fácil. Caminar sus calles por donde
tantas veces recorrimos invitando a jóvenes a asistir a nuestro grupo de
charlas, y ahora saber que fueron asesinados por “la limpieza social” duele en
el alma. Pero era el momento de confrontar, de sanar, de reconciliarme con la
tierra que me parió y de compartir con otras mujeres la sanación para construir
paz.
En
el marco del Seminario “Mujeres del Norte de Santander, por una vida libre de
violencias a puertas de una Colombia en paz”, evento organizado por la Fundación
Julieth Beltrán y la Corporación Anne Frank, tuve la oportunidad de realizar
una Mandala de Sanación y construcción de paz con un grupo de 60 personas,
entre mujeres y hombres. Un grupo diverso compuesto por víctimas, mujeres
sobrevivientes de la guerra, y hasta miembros de la fuerza pública.
Todos
buscamos la paz para Colombia; también la paz interior. La cruel guerra ha
producido rencor, llanto y resentimiento en nuestros corazones. Es por eso que
juntos debemos producir momentos de introspección individual y colectiva, con
el fin de sentir la necesidad de participar en la construcción de paz y el
proceso tan importante que se viene para los colombianos, la firma y
ratificación de los acuerdos que nos ayudarán a empezar a soñar una Colombia nueva.
Trabajé
con los asistentes, en su mayoría mujeres, un momento único, íntimo y hermoso;
sentimos desde el alma decir “te perdono, perdóname y me perdono”, como primer
paso para la construcción. Juntos formamos una mandala o círculo sagrado, con
peticiones y sueños para una un nuevo camino: “No más niños víctimas, no más
mujeres violentadas, no más caídos en combate, no más violencia sexual, no más
llanto ni dolor…” eran una tras otra las peticiones de los asistentes.
Entre
las asistentes, una mujer dejaba brotar de sus ojos las lágrimas más
conmovedoras que había visto, ella fue víctima del mismo grupo, del mismo
hombre que me victimizó a mí. Esta valiente mujer por medio de la poesía teje
esperanza, se trata de Martha Lucía Mora, una joven mujer, humilde, poetisa y
víctima de la guerra. Abrió su corazón a mi proceso de sanación y construimos
juntas, ella con poesía el sueño de una Colombia nueva y digna.
Deseo
llevar experiencias como éstas por todos los territorios, que llenen los
corazones que desde cada lugar con su propia experiencia de vida y su
resiliencia aportan a la soñada paz de Colombia.
“Huele a primavera,
huele a esperanza, huele a Colombia nueva,
y yo sentada sobre mi roca ya no
pienso en nada, me siento plena,
el silencio llena, me siento privilegiada
igual que el mismo Moisés
que observó la tierra prometida sin poder tocarla,
yo
estoy en ella en éste instante, aquí con mi silencio,
sentada en la roca de la
nueva tierra, llamada Colombia”.
Martha Lucía Mora,
poetisa y víctima de Cúcuta Norte de Santander.



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