Semana del Detenido-Desaparecido, tres historias, tres luchas y una sola verdad
Mujeres que tuvieron que enfrentar la detención y desaparición forzada de sus hijos varones, en el marco de una política oscura que dicta penas de muerte a conveniencia, que estigmatizaba por estrato social o apariencia física.
Por: Claudia Quintero
FIPU
PRESS
Las
únicas palabras que me salieron para consolarles en su dolor fueron las
siguientes: “Sus hijos las parieron a
ustedes a la lucha, eso decían las madres de Plaza De Mayo en Argentina, ‘yo no
era una luchadora yo era una ama de casa
pero quien me pario a mí a la lucha fue mi hijo, yo lo parí primero a él’”.
Sentarse a escuchar a las madres de Soacha o a las madres de jóvenes
desaparecidos, es una lección de humanidad y de dolor, de indignación ante
tanta injusticia pero sobre todo, una esperanza para construir una paz sembrada
en la verdad y en las víctimas.
“Que
alguien me diga si ha visto a mi hijo. Es estudiante de Pre-Medicina. Se llama
Agustín y es un buen muchacho. A veces es terco cuando opina. Lo han detenido.
No sé qué fuerza. Pantalón blanco, camisa a rayas. Pasó anteayer”, canta Rubén
Blades en Desapariciones.
Tres
historias, tres mujeres, tres luchas y una sola verdad. Las ejecuciones
extrajudiciales deben terminar en Colombia, por el simple hecho de reconocer
que no tenemos pena de muerte, ni por “porte
de cara” ni por fumar marihuana. Matar para presentar resultados,
desaparecer después de detener, robar identidad, calumniar y destruir familias
son prácticas de una doctrina militar desgastada e inhumana. Un reto para la
paz, abandonar como Estado estas violaciones a los Derechos Humanos.
A
partir del año 2010, con la promulgación
de la Ley 1408 de 2010 en homenaje a las víctimas de desaparición forzada y el
decreto reglamentario 303 de 2015, cada última semana del mes de mayo
recordamos con amor y resistencia a las víctimas de los desaparecidos. Del 20
al 31 de mayo conmemoramos la semana del detenido desaparecido.
[La
desaparición forzada] “es un delito que, pese a que se ha cometido de manera
sistemática en Colombia desde hace cerca de 40 años, solo figura en el Código
Penal hace 14. Solo 30 años después de la primera desaparición, la de Omaira
Montoya en 1977, comenzó a operar un registro único centralizado, el Sirdec
(Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres de Medicina Legal).
Apenas en 2010 la Fiscalía creó una unidad especializada. Y recién en 2012 se
promulgó una ley que permite declarar a alguien desaparecido sin tener que
esperar dos años a que no se confirme su muerte”, anota Semana.
María
Sanabria, Luz Marina Bernal y María Nohemí Barbosa, son mujeres que tuvieron
que enfrentar la detención y desaparición forzada de sus hijos varones, en el
marco de una política oscura que dicta penas de muerte a conveniencia, que
estigmatizaba por estrato social o apariencia física.
María
Sanabria y Luz Marina Bernal, son madres de Soacha; sus hijos fueron
desaparecidos y luego asesinados en lo que llamaron “falsos positivos”. María
Nohemí Barbosa estaba celebrando su cumpleaños en San Andrés, en lo que creía
sería la temporada más feliz de su vida, y su hijo fue desaparecido y después
un Coronel le dijo “alcahueta, su hijo
era un narco por eso lo mataron”. Las tres luchan por limpiar el nombre y
la honra de sus hijos desaparecidos e incapaces de defenderse de quienes se
lucran de la desaparición forzada.
La
construcción paz nos demanda retos importantes, al ser un acuerdo vinculante
que marcará las nuevas generaciones en Colombia, se debe pensar en el respeto a
los Derechos Humanos desde las fuerzas militares, principales responsables de
la desaparición de tantos jóvenes en Colombia.
La
memoria de quienes no están, pero “parieron
a la lucha” a sus madres o familiares,
está más viva que nunca y este 2016 será un año muy especial, con la esperanza
de encontrar los cuerpos en las fosas del horror.
En próximas columnas,
compartiré las tres historias de 3 valientes mujeres que pasaron de amas de
casa a activistas y luchadoras por los derechos humanos al perder a sus hijos,
sembrados para la lucha en Colombia.



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