San Andrés: el paraíso de la desaparición forzada. Entrevista a María Nohemí Rincón
El Coronel Luis Aníbal Gómez Báez me dijo que mi hijo era drogadicto y narcotraficante y por eso lo habían asesinado", María Nohemí Rincón
Por: Claudia Quintero
FIPU
PRESS
María
Nohemí Rincón viajó junto a su hijo John Alexander Barbosa Rincón a unas
vacaciones en un “paraíso”, así consideraba que era la Isla de San Andrés. Era
su cumpleaños y sus hijos querían celebrarle de la mejor manera. Estaban
felices, John ya era un profesional, estaba trabajando en una buena empresa, y
había cumplido su sueño de comprar un piano nuevo, estaba puertas de cumplir su
sueño de tener una banda de rock.
Pelo
largo y tatuajes, así era la forma de expresar su amor al rock, pero algo que
la policía en diferentes ocasiones no le perdonaba. John fue desaparecido en San Andrés; pero
antes de ese trágico suceso ya había sido víctima del abuso policial en varias
oportunidades. Por tener “esa pinta de vicioso”, cómo estigmatizan a quienes
simplemente deciden ser diferentes, fue detenido arbitrariamente y requisado aun
saliendo de su casa para el trabajo.
San
Andrés ya no es un remanso de paz, tampoco es ningún paraíso. ‘Los Urabeños’ se
disputan con otras bandas el control de la isla, la droga, la prostitución, la
trata de personas y otras economías ilegales. John no es el único desaparecido
de la isla, aunque las autoridades cómplices por omisión nieguen ésta
situación.
Claudia Quintero:
¿Cuál fue la respuesta de las autoridades en ese momento que se desaparece John
y cuándo usted empieza a buscarlo desesperadamente en la isla San Andrés, con
alguna información de fuentes que decían que él había estado con policías la noche
de su desaparición?
María Nohemí Rincón: La información que
indica que mi hijo había estado con policías se supo por boca de los mismos
policías. Cuando mi hijo salió del Hotel Blue Cove, él se encontró con dos
policías que estaban de turno esa noche. El hotel paga a la policía para que
los cuiden, a veces están hasta 8 policías ahí haciendo nada, pero se la pasan ahí.
Los
policías sí sabían cómo estaba mi hijo vestido, yo no sabía porque en la noche él
se había cambiado y ellos dijeron que mi hijo estaba vestido con una camiseta
azul petróleo con unos dibujos adelante y yo no lo sabía; también indicaron que
tenía una pantaloneta camuflada gris y yo no lo sabía, porque el viernes 6 de
junio de 2014, estuvimos todo el tiempo juntos y él estuvo con camiseta blanca
y una bermuda camuflada verde. ¿Cómo supieron ellos cómo estaba vestido?
La
otra declaración de la policía es que mi hijo se les había arrodillado y les
había dado las gracias por tratarlo también, y yo me pregunto y le pregunto allá
a la policía de San Andrés, ¿gracias de qué?, si todo el día hasta las 10 de la
noche nunca nos cruzamos con ellos, y si ellos hablaron con mi hijo fue fuera
del hotel, fuera de cámaras de seguridad, por qué en ninguna de las cámaras
está esa situación que ellos dicen; también dicen que mi hijo había salido del
bar y que se había sentado en una banca y se había tirado al piso llorando
amargamente, eso es falso porque en el video sí se vio que se sentó en la banca
pero nuevamente ingresó al hotel.
.
C.Q.: Una mujer le comentó, a usted que, su hijo estaba con
unos policías y con una persona muy parecida al investigador de la
desaparición, ¿qué ocurrió con ese testimonio?
M.R.: La señora trabajaba
en el hotel y ella lo vio con policías y ella me dijo: “si quiere yo doy
testimonio porque yo lo vi, era su hijo”. Ella lo reconocía por la cantidad de
fotos que yo había puesto en todos lados. Pero la señora Margarita Rosa López
Maestre no hizo nada con ese testimonio ni tomarlo en cuenta para las
investigaciones.
CQ: ¿Cuál fue el
testimonio de la señora?
M.R.: Que había visto a mi
hijo muy borracho o drogado y que no se podía parar, que estaba con un señor calvo, no gordo pero macizo,
otro hombre negro, alto, delgado; otro señor con una camiseta roja y que
estaban dos policías. Di esa información al CTI para que revisara las cámaras y
no quiso hacerlo.
CQ: ¿Qué versión dan
las autoridades de la presencia de policías en el momento de la desaparición de
John Alexander?
M.R.: Conseguí una cita
con el coronel Luis Aníbal Gómez Báez por intermedio de un sacerdote. Fui a la
cita, pero allí se produjo el dolor más grande de mi vida, esperaba que el
Coronel me dijera: “Yo le voy a colaborar, yo la voy ayudar”, no fue así. El Coronel Luis Aníbal Gómez Báez
me maltrató y me dijo que yo era una alcahueta, que era cómplice de mi hijo,
que yo sabía todas las andanzas de mi hijo, que mi hijo era un drogadicto, que
era narcotraficante y que seguramente tuvo que haberse robado algo de los que
le habían encargado el cargamento, y por eso lo habían asesinado.
Le
dije en la cara al Coronel, “¿usted está
seguro que mi hijo es narcotraficante, que yo soy la alcahueta, que yo soy culpable
de eso?, hágame el favor y me presenta pruebas de eso que afirma”. Terminé la
reunión y me fui porque el señor era grosero y déspota. Después de eso, no
conforme con haberme tratado así y no haberme prestado ningún apoyo, también le
manifestó a la coordinadora del CTI que yo estaba ocultando información, que mi
hijo se había suicidado por la “esposa”, cuando John era soltero y eso lo
comprobó el CTI cuándo viajó a Bogotá y le tomaron fotos a mi casa, a su
habitación y a sus cosas, personas para confirmar que efectivamente John
Alexander vivía conmigo.
Fueron
innumerables mentiras dentro del caso. Otros dijeron que mi hijo era homosexual
y que se había ido con un hombre. Después de desaparecido John lo han
calumniado desde el Estado para justificar lo que le hicieron.
John
tuvo una relación con una señora que tiene hijos, pero hace mucho ni amistad
tenía con ella. Pero ¿el Coronel cómo sabía de esa persona?, eso solo me hace
pensar que sabían información intima de John que obtuvieron desde la tortura.
Tal como una fuente telefónica dijo a las autoridades que John había sido
torturado, ese testimonio tampoco se investigó.
C.Q.: ¿Que otros
incidíos o sucesos siguieron a lo que le estaba ocurriendo a usted y la forma
cómo la estaban revictimizando?
M.R.: Un mayor de la Armada
Nacional de San Andrés, que se llama Diego Fernando Patrón Cáceres, me llamo un
día y me dijo que tenía un informante y que el informante le había dicho que en
la finca ‘Villa Rosa’, tuvieron encerrado
a mi hijo, que lo habían torturado terriblemente, que lo habían asesinado en
esa finca y que lo habían enterrado en la misma finca.
No
sé si es de propiedad o en arriendo de Carlos Londoño, pero sí sé que el señor
Londoño hospeda ahí a jóvenes que trabajan con él. Carlos Londoño es el dueño
del hotel dónde desapareció John Alexander, el Blue Cove.
Carlos
Londoño es un hombre demasiado poderoso, dueño de hoteles y sitios de
vacaciones.
C.Q.: Usted recorrió
San Andrés buscando a su hijo, se instaló allí y luego fue desplazada por
amenazas, ¿qué encontró en San Andrés?
M.R.: Encontré un paraíso
de mentiras, encontré que en ésa época había 19 jóvenes desaparecidos, que mi
hijo no era el primer turista desaparecido pues habían encontrado el cadáver de
un bumangués que fue desaparecido y asesinado en la isla.
Las
bandas criminales se disputan la Isla, esto sale en la prensa, pero la Fiscalía
y las autoridades policiales lo niegan. A mí me amenazaron y me maltrataron, el
Fiscal que tiene el caso es una persona que me envía oficios desafiándome y
acusándome de mentirosa por buscar justicia en el caso de mi hijo, un señor que
hasta me responde los derechos de petición con mala ortografía.
En
San Andrés pasan muchas cosas, ni la
policía ni la fiscalía ni el CTI nombran, todo lo ocultan entre ellos.
En
el tiempo que estuve, yo allá, había 19 jóvenes desaparecidos, entre ellos mi
hijo. A ninguno lo reportaban ni decían
nada, todo queda en la sombra, igual que quisieron hacer con mi hijo, exactamente lo mismo, porque allá amenazan a los padres de familia
para que no digan nada y todos los jóvenes desaparecidos son catalogados como
los peores drogadictos y narcotraficantes, por eso no hacen absolutamente nada
por buscarlos.
CQ: ¿A qué se
dedicaba su hijo en Bogotá?
M.R.: Mi hijo en Bogotá
trabajaba en una empresa respetable, él era tecnólogo en administración de
empresas y estaba estudiando la profesional en la Universidad Remington, pueden
preguntar en dicha universidad si esto es cierto, ya que ellos aseguran que mi
hijo era un criminal.
El
su tiempo libre componía, hacia canciones, tocaba guitarra, piano, y tenía el
sueño de tener su grupo musical.
CQ: ¿Usted cree que “la
pinta” de su hijo –pelo largo, tatuajes,
ser rockero–influyó para que fuera estigmatizado y le hicieran el daño que le
hicieron?
M.R.: Yo estoy convencida
que por tener el cabello largo hasta la cintura, tener tatuajes y todo los
demás, de eso se valieron para hacerle todo el daño que le hicieron a él y el
daño que me hicieron a mí.
Es
algo que nadie lo puede reparar, lo digo porque aquí en Bogotá la policía a él
no lo podían ver, porque lo amenazaban, lo acosaban por ser diferente.



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