Medios populares, alternativos, étnicos y contrainformativos
Las corporaciones tienen como taller la mente de los ciudadanos y su herramienta son los medios de comunicación, los que se compran con grandes capitales, y subyugan a los prestadores de servicios de comunicación.
Por: Claudia Quintero
“La guerra se da en las mentes, la paz debe darse de la
misma forma”
Un
nuevo paradigma se abre con el cercano acuerdo de ‘Fin del conflicto’ en
Colombia. La necesidad de construir paz desde la comunicación prepara a las
bases para una suerte de “empoderamiento” donde con cámaras, celulares y
conexión a internet pueden hacer contrainformación a lo tradicional, que dictan
los medios y sus dueños, los bancarios.
Las
corporaciones tienen como taller la mente de los ciudadanos y su herramienta
son los medios de comunicación, los que se compran con grandes capitales, y
subyugan a los prestadores de servicios de comunicación (dícese periodistas) a
no contradecir, caminar la senda de la desinformación, del negocio de la
“información”, como negocio y no cómo derecho.
Comunicación contrahegemónica
La
contrahegemonía es una concepción política, social y diversa que permite a las
comunidades hacer resistencia ante la batalla cultural y la acumulación de
poder en los territorios, usando como herramienta la comunicación.
Cuando hablamos de una comunicación
contrahegemónica y liberadora, no nos referimos sólo a los medios de
comunicación populares sino también a las propias herramientas comunicativas
que van gestando las organizaciones sociales al calor de un proceso de lucha.
En este sentido, la comunicación es uno de los espacios centrales de disputa
cultural y de sentidos frente a un sistema que tiene monopolios y oligopolios
mediáticos y ha consolidado el pensamiento hegemónico capitalista.
La otra comunicación, la nuestra, debe
superar el modelo comunicativo que refuerza la dominación y aportar a los
procesos de construcción de poder popular que se generan desde los sectores
subalternos.[1]
“Si la prensa no
habla nosotros damos los detalles
Pintando las paredes
con aerosol en las calles
Levanto mi pancarta y
la difundo
Con solo una persona
que la lea
Ya empieza a cambiar
el mundo...”[2]
Excelente
tocar como ejemplo de base contrainformativa el libro ANCLA. Una experiencia de comunicación clandestina orientada por
Rodolfo Walsh, de Natalia Vinelli. ANCLA era la Agencia de Noticias Clandestina
del grupo guerrillero argentino de los 70 ‘Montoneros’. “ANCLA era el espíritu mismo de una profesión que antes y después,
ahora mismo, otros se encargan de bastardear con sus mentiras y cobardías. De
esto habla este libro. Con pasión y compromiso. Sin esa felonía denominada
objetividad. Y sobre todo, con agradecimiento a quien fue creador de semejante
desafío, ese hombre que aún caído no dejó de repiquetear los oídos de sus
asesinos con el tableteo de su más poderosa arma: la inteligencia. Periodista,
escritor, pero sobre todo militante revolucionario montonero, Rodolfo Walsh
hizo posible que la palabra siguiera viviendo. Y está en nosotros evitar que
otra vez la vuelvan a acorralar”[3].
Es, pues, Rodolfo Walsh un inspirador latinoamericano que hizo frente a una
dictadura cruel, desde la perspectiva de la lucha y de los derechos humanos, y
de la información como derecho humano esencial.
Los
cabildos indígenas, las comunidades indígenas, los campesinos organizados, los
periodistas independientes, los defensores de Derechos Humanos, los
estudiantes, las feministas, los LGBTI, los niños y niñas se encaminan en
Colombia a la producción de sus propias noticias, a partir de las realidades
que han sido ocultadas por décadas, engordando la guerra más vieja del
continente, negociando con los más de 200 mil muertos, que no son más que
pueblo: “pobre pueblo”. Cómo comunidades
sumemos voluntades para comunicar la paz.
No
olvidemos que “nos mean y la prensa dice que llueve”, Eduardo Galeano



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