La polarización de la frustración, la injusticia de la esperanza a la incerteza en Brasil
Por este motivo la división y el conflicto fueron tan significativos en esta fecha, 17 de abril de 2016, que sin miedo de afirmar, superó en audiencia la copa mundial de futbol en Brasil, porque lo que estaba en juego eran los sueños de toda la población que disputaban en esa división.
Primera parte
Crónica de la compleja situación del Brasil vista
desde la población
Por: Elkin Páez Chingal
Director y Gestor Opção Talento - Brasil
Estaba en deuda de escribir para FIPU, referente a la
actual situación política del Brasil y lo voy hacer en mi doble condición de ciudadano
colombo-brasilero, al poseer las dos nacionalidades y estadía en Brasil desde
el año 2003 al 2006 y del 2010 hasta el día de hoy en 2016, justamente cuando
el Presidente Lula asumió el poder en su primer gobierno, hasta el complejo
momento actual, con el gobierno de Dilma Rousseff en sus dos mandatos, lo que
me permitió tener una visión de amplios sectores sobre lo que está aconteciendo,
aún más por mi aproximación con la población de amplios sectores sociales del
Brasil y porque tengo amigos de los dos grupos polarizados.
Por este motivo decidí demorarme un poco para pensar y
reflexionar sobre lo que está aconteciendo y resumirlo en etapas en forma de
crónica, especialmente tomando como punto de partida la fecha simbólica del 17
de abril de 2016, cuando fue votado por amplia mayoría, en la Cámara de Representantes
la autorización de la apertura del proceso de investigación de impedimento y
encaminado al Senado, que hizo votación el 11 de mayo de 2016, votando con
amplia mayoría el comienzo del juicio político, llamado de impeachment o
impedimento de la presidente Dilma, por el delito de Responsabilidad Fiscal.
La polarización
El día 17 de abril de 2016, un gesto significativo
mostró la división del país, sobre el tema que se creía superado de capitalistas
contra comunistas en Brasil, cuando un muro, al que muchos blogs libres de
Brasil describieron como el “Muro de la Vergüenza”, en semejanza al muro de
Berlín, fue colocado por la Secretaria de Seguridad de Brasilia para evitar
conflictos entre defensores y opositores, en todo el gramado que iba desde la
frente de los ministerios hasta el Congreso de la República, justo en el medio
de la forma de H y dos platos que representan la Cámara y el Senado.
Este día, 17 de abril, los ánimos exaltados de defensores
del Gobierno de Dilma y del Partido de los Trabajadores (PT), contra la
oposición llamada de golpistas por los gobiernistas, que representaba una
amplia gama de posiciones, no siempre homogéneas y contrarias, que iban desde
los inconformes de Dilma por la pérdida de empleos, (más de 10 millones de personas entre 2014 y
2016) la reclamación por la situación económica, el temor por el regreso de la
hiperinflación, la reclamación constante por la precaria salud pública y de la
administración del Brasil que deja mucho que desear, cuando más de 5.000
negocios, empresas e industrias cerraron entre 2010 y 2015, entre ellas la
caída de Petrobras, las empresas X de Eike Batista, entre otras.
Polarización entre la oposición compuesta por la
reclamación de antiguos defensores, beneficiarios y partidarios del gobierno
que perdieron sus privilegios, hasta grupos de extrema derecha que defendían el
regreso de la dictadura militar que oprimió a Brasil desde 1964 hasta 1985,
denominada como la época de la tortura, donde miembros del Partido de los Trabajadores,
incluyendo la presidenta Dilma, fueron torturados, siendo el Brasil silenciado
por el miedo.
Por este motivo la división y el conflicto fueron tan
significativos en esta fecha, 17 de abril de 2016, que sin miedo de afirmar,
superó en audiencia la copa mundial de futbol en Brasil, porque lo que estaba
en juego eran los sueños de toda la población que disputaban en esa división. Sí,
los sueños de una nación, pero los sueños polarizados donde uno u otro debía
ser eliminado según la forma escogida para superar la crisis instalada, cuyo
premio a ser dado era la esperanza de que las cosas mejorarían, y lo que se
jugaba al final de cuentas era la frustración de la población, con la certeza
que saldría perdiendo una u otra parte y la incerteza que no sabría si lo
propuesto era la solución.
Fueron más de 40 horas de sesión en la Cámara con más
de 500 diputados que realizaron sus declaraciones por parte de cada partido
político, a favor o en contra, donde visiblemente se sentía la polarización,
aunque la mayoría colocaba al PT y Dilma como los causantes de la crisis y
origen de toda corrupción que desangró el país durante este gobierno, a pesar
de las grandes conquistas sociales de todos los tiempos.
La votación, según el “equipo contario”, o sea los partidos
políticos, podían representar los intereses y las conquistas sociales del
gobierno de Dilma y del Partido de los Trabajadores que en 13 años habían
conseguido, pero que estaban viviendo un paso de ser derrocados, o sea, los
llamados por la oposición de “corruptos, de izquierda, los comunistas”. Según
los gobiernistas, enfrentando el bando de los golpistas de la derecha,
representantes de la clase política dominante, “Derecha, burguesía, ricos
opresores tradicionales”. Solo algunos muy pocos, que no querían ser parte de
uno o de otro equipo, pedían la salida de todos para unas nuevas elecciones, se
abstuvieron de votar, y que eran llamados de oportunistas o vendidos.
Entre la frustración y la injusticia
El “juego final de copa” terminó esa noche con un
marcador de 367 votos a favor de la autorización para iniciar el impedimento de
Dilma, 137 en contra del impedimento, 7 abstenciones, 2 ausencias para un total
de 513 votantes. Grave derrota para el gobierno y de frustración especialmente
para organizaciones y movimientos sociales que miraban el retroceso del país.
El siguiente paso fue la votación en el Senado, del 11
al 12 de mayo de 2016, con más de 20 horas de sesión, para aprobar el inicio
del juicio político de Dilma. Los gobiernistas intentaron dar la pelea con
maniobras frustradas, pero la historia ya estaba marcada, ya con menos
audiencia por parte de la población, porque se sabía cómo terminaría el juego
de la votación en el Senado, y no querían ver el circo del 17 de abril, a pesar
que esta vez la riqueza de los discursos de los senadores fue de valer la pena
escuchar porque algunos senadores pensaban en Brasil, aun siendo de posiciones
contrarias, de defensa o de oposición, eran esclarecedoras en mostrar que el
problema no era solo del gobierno sino algo instaurado por siglos de
corrupción.
El trofeo para algunos, Dilma fue apartada del
gobierno por 180 días para preparar su defensa y no interferir en su juicio
político, aprobado con 55 votos a favor del juicio, 22 Contra, 3 Ausencias, 1 No
votó. El vicepresidente Temer asumió, como el traidor o para otros el único
capaz de unir el país. Eso solo la historia lo dirá y ya comenzó con el
escándalo de las grabaciones y acciones equivocadas que está realizando.
Al final, hoy se siente en la población la frustración
y la injusticia de lo que aconteció y se vio en los equipos, surgiendo como
mayor decepción cómo los “jueces de juego” cerraron durante mucho tiempo sus
ojos a tantas infracciones y crímenes de corrupción que llevaron a Brasil a
tener pérdidas por más de 260 billones de reales, (80 billones de dólares),
sumando solamente los 90 billones de reales que Dilma ya había solicitado para
ajustar las cuentas y los 170 billones de reales que Temer acaba de solicitar
al Congreso, con la misma finalidad, retrayendo la economía del Brasil en su
PIB.
La frustración de toda la populación que usted escucha
en las calles, con aquello que la misma Dilma expresó como “mañas y artimañas”,
por lo cual no se podía confiar en nadie; palabras que ella misma dice en un
pequeño rayo de luz de esperanza para salvarse, cuando el nuevo presidente encargado
de la Cámara quería parar la votación del Senado, anulando la votación ya
votada en la Cámara que daba comienzo a los trabajos del impedimento de Dilma.
Acto que no se podía anular porque había sido aprobado por el pleno del
Congreso y no como acto individual; este hecho que había sido influenciado por
el abogado de Dilma fue considerado como un tiro en el pie, por irresponsable y
por lo cual el presidente de la Cámara se tuvo que retractar horas después, lo que
atraso la votación del Senado hasta las cinco de la mañana del 12 de mayo.
Efectivamente no se podía confiar en nadie; justamente
su vicepresidente, cargado en las espaldas de Dilma como un escorpión que clavó
su veneno para poder quedarse con el poder como ahora acontece.
Fueron esas palabras de Dilma, “mañas y artimañas” el
momento más lúcido de reconocimiento de cómo se puede resumir la compleja
realidad que vive Brasil en este
momento, ya que todos, los dos equipos, las utilizaron, los que atacaban a los
golpistas y los que querían el impedimento derrocando a Dilma. Y estas jugadas
sucias fueron evidente en muchas oportunidades en Brasil, donde la población,
como siempre los más afectados, veíamos como eran capaces de inventarse cada
esquema, cada tramoya, y de donde salía tanto escándalo que se presentaba en
todos los noticieros tradicionales, blogs, redes sociales.
Volviendo al 17 de abril como punto de confirmación,
lo que sería la solución del problema según la mayoría de los diputados, con la
votación para eliminar el problema del Brasil, o sea la salida de Dilma, se
convirtió en un circo donde en mayoría absoluta de la población del país,
seguidos de ambos equipos, oposición y a favor del gobierno, para continuar con
la analogía, sentimos vergüenza por la clase política gobernante. Y la ficha
cayó, al ver que el problema no era solo Dilma o el PT, era la gran mayoría de
la clase política. Al ver la trasmisión por televisión, se reveló la clase
política en su hipocresía, ignorancia, odio, donde por dar algunos ejemplos,
uno de los diputados bastante cuestionado en Brasil, Bolsonario, hizo homenaje,
en el momento de su votación, al militar torturador de Dilma. Otros votaban
justificando su voto por la familia, por Dios, por el fin de la corrupción,
como lo hizo una diputada, quien habló del marido como ejemplo de alcalde, como
excelente y honesto administrador y que con tanto entusiasmo votó por el sí
para salida de Dilma, sí, sí, sí, al fin de la corrupción, y paradójicamente en
la mañana siguiente de la votación, el marido fue preso por desvío del dinero
de miles de millones de reales de la salud del municipio donde gobernaba.
El mayor cuestionamiento de los gobiernistas
defensores de Dilma era el hecho, primero de afirmar que no hubo crimen o delito
para juzgarla, pero fue evidente que los opositores se aprovecharon de serias
fallas en su administración y especialmente en la recién realizada época de
elecciones 2014, para dar la estocada final de su caída, de las cuales
infelizmente pesaban serios argumentos presentados por la oposición, que
cobraron con todo el rigor. Cosas tan salidas del imaginario como el hecho que
el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, negó que tuviera cuentas en el
exterior que le impedirían asumir el caso en contra de Dilma, a lo que él se
negó, y luego le fueron descubiertas esas cuentas con dinero desviado, lavado
de dinero, por lo que el Supremo Tribunal de Justicia lo suspendió una semana
antes de la votación del Senado. Y para completar lo paradójico, uno de los denunciantes
del Mensalón, esquema de corrupción
de lavado de dinero para pagamento de propinas en la campaña de Lula, nombró a
Cunha como el malvado favorito por enfrentar la decadencia a la que el gobierno
del PT estaba llevando al país.
Por parte del gobierno, las artimañas se dieron al
intentar salvar al expresidente Lula nombrándolo como ministro, tratando de
evitar un juicio, para evitar que otro personaje, el Juez Sergio Moro, quien
colocó el dedo en la llaga de la corrupción, destapando la olla podrida de
dinero desviado de Petrobras, con un proceso llamado de Lavajato, “Lavado a chorro”, como todo un esquema de lavado de
dinero público por parte del Gobierno, y al que prácticamente todos los
partidos políticos están mencionados; un juez que no tendría ninguna
consideración en llevar a la cárcel al máximo ídolo de la política social de
América Latina, el expresidente Lula.
La defensa de Dilma no consiguió argumentar los
errores cometidos, frente al proceso determinado de Responsabilidad Fiscal que
justificaría su caída, como lo mencionan las actuales publicaciones de chuzadas
telefónicas, que menciona que la salida de Dilma no era solo la solución para
el país, sino para calmar la sed de justicia de la población frente a tanto
robo que afecta la vida diaria de todos. Aunque la verdad era también una forma
de parar la “Lavajato”, porque de
continuar no sobraría ningún político en el país. Siendo esto lo que se muestra
en el “Wiki Brasil”, y las
revelaciones de infinidad de conversaciones de tramas, mañas y artimañas que
termina frustrando al país por la inseguridad de lo que irá a pasar.
¿Cómo se llegó a todo
esto? Lo denomino como De la esperanza a la incerteza, el elefante
y el escorpión, el semáforo en rojo, la salida o la frustración que en la
próxima continuación de esta crónica hablaré.
Imagen: http://www.wsantacruz.com.br/muro-da-vergonha-cria-a-brasilia-do-norte-e-a-brasilia-do-sul/
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