Un vallenato por la paz de Colombia
A todos los combatientes que están en este proceso de paz, los esperamos con los brazos abiertos para juntos construir la Colombia que queremos.
Por: Claudia Quintero
FIPU
PRESS
Celso
Herazo es un líder de víctimas que conocí en el caminar por la lucha, cuando
apenas comenzaba en furor la militancia del movimiento de víctimas.
En
plena asamblea de víctimas se puso a cantar vallenatos, y nos causó mucha
emoción, pues le cantaba a las víctimas y hacía fuertes críticas al Gobierno en
sus trovas vallenatas
Claudia Quintero: ¿Celso, hace cuánto estás cantando tus
vallenatos?
Celso
Herazo: Canto desde que nací, porque para llorar se necesita que el Estado nos
apriete, pero aun así le respondemos es con movilización y con lucha. Yo vengo
de una familia juglar, un tío mío de Sucre es decimero, el canta y yo también canto, y hago algunas cositas en la
música vallenata, por allí desde aproximadamente 30 años. En todos los eventos
yo le pongo alegría, entusiasmo con mis
versos, mis cantos a capela. Me inspira un vallenato que le cante a la vida, al
amor, a la naturaleza, ese vallenato tradicional. Canto vallenato por la paz de
Colombia, para abrir los corazones a la reconciliación.
¿Quién eres, cómo es tu construcción social y política y
cómo llegaste al movimiento de víctimas?
Mi
nombre es Celso Herazo, soy dirigente social y defensor de los derechos
humanos. Nací en el corregimiento de Albania en el municipio San Juan de
Betulia, departamento de Sucre. Desde muy temprana edad yo me vinculé al lado
de mi abuelo materno y mis tíos a la lucha agraria en el departamento de Sucre.
Me interesé por la recuperación de la
tierra y me inicié en la lucha en Sincelejo; allí pues estuve mucho tiempo
hasta el momento en que se funda el partido político, un movimiento político
como lo es la Unión Patriótica, y desde entonces viene mi militancia política
en el partido como tal.
La Unión Patriótica en la década del 80 y 90 fue
muy grande, se desarrollaron grandes luchas en el departamento de Sucre. Vimos
cómo nos mataron a muchos compañeros campesinos y dirigentes.
Esa
es mi historia de vida como dirigente, como luchador y como rebelde en mi país.
Soy un sobreviviente de la Unión Patriótica.
¿Has tenido varios desplazamientos forzados, podrías
contarnos un poco sobre estas situaciones tan difíciles que has tenido que
afrontar?
Me
tocó salir desplazado de Sucre al departamento del Cesar; volví nuevamente para
el año 2000. En el 2001 me toco salir nuevamente por el accionar paramilitar en
el departamento.
En
el 2003 nuevamente soy desplazado, después de haber sido encarcelado
injustamente durante dos meses largos en la cárcel de Valledupar, en el marco
de un plan de criminalización. Al salir de la cárcel de Valledupar, fui
amenazado nuevamente y llegue a Bogotá. Estando acá, continué con el trabajo a
través inicialmente con CND y después a la organización en la cual pertenezco,
que es Andescol (Asociación Nacional de Desplazados Colombianos).
En
Bogotá fui amenazado y tuve que exiliarme un tiempo en Venezuela. Retorné
nuevamente y durante 8 años estuve en el departamento del Valle del Cauca, donde
realizamos un gran trabajo para el sindicato, una organización sindical filial a
Fensuagro (Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria. En este momento,
pues estoy prácticamente nuevamente en el departamento de Sucre desarrollando
trabajo campesino.
Frente
a la Mesa de La Habana, para mí, es un paso fundamental porque Colombia merece,
y todas las colombianas y colombianos nos merecemos, vivir en paz. Pero para mí,
es bien claro que la negociación en Colombia es un paso para buscar entre todas
y todos la paz, que el Estado reconozca la voz de las víctimas, debemos ser
escuchados. Soy un defensor de estos diálogos, pero considero, como víctima que
soy del terrorismo de Estado y del paramilitarismo, que el Gobierno ha venido
invisibilizándonos, porque la Mesa en La Habana lógicamente es entre las FARC-EP
y el Gobierno Nacional, pero nosotros somos víctimas de Estado por su
complicidad paramilitar.
Hasta
el momento, desde hace más de 10 años cuando las autodefensas (paramilitares), entre comillas, “se
desmovilizaron”, los que hemos sido víctimas de ellos no hemos sido reparados
absolutamente en nada. Y considero que se deben llevar desde las regiones como
propuesta, que nos escuchen a nosotros, las víctimas de Estado.
Hay
víctimas del accionar de la insurgencia,
pero de nosotros no se habla en la Mesa, por lo menos por parte del Gobierno.
Hemos sido víctimas de amenazas, asesinatos de compañeros, encarcelamientos.
Como víctima y dirigente de víctimas, ¿cómo ha sido la
oportunidad de participar políticamente en Colombia, qué otras actividades
realizas para visibilizar tu lucha?
El
año pasado fui candidato a la asamblea departamental por la Unión Patriótica en
el departamento de Sucre. No se dio la oportunidad porque la política en Colombia
no es fácil para el pueblo: está contaminada de corrupción y no nos dejan
llegar.
También he estado muy ligado a la música, sobre todo lo que nos identifica a nosotros en la costa, como lo es el vallenato. He estado muy inquieto, yo soy muy inquieto en el tema de la música. También vengo realizando en el departamento de Sucre en una emisora radial, un programa; se trata de un magazín llamado 'Hablemos Claro'. Es un espacio polémico que genera discusiones y, como su nombre lo indica, hablamos claro de la situación política y económica del país, hacemos entrevistas y estamos apoyando la paz, pero la paz completa, con justicia social para la reparación de las víctimas.
En cuanto al proceso de paz, qué aportas hoy, ¿puedes
enviar un mensaje a la delegación de paz desde tu posición de víctima del
conflicto?
A
todos los combatientes que están en este proceso de paz, los esperamos con los
brazos abiertos para juntos construir la Colombia que queremos, la nueva
Colombia. También a todas las víctimas del conflicto social, político y armado:
unamos esfuerzos para encontrar la reconciliación y avanzar en la paz con
justicia social. Al Gobierno y a la clase política que tradicionalmente le han
apostado a la guerra, los invito a que se desarmen y que entiendan que Colombia
merece vivir en paz; y que cada centavo que la clase política se roba del
erario público es la causa de la brecha social que nos afecta tanto.



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