¡Las mujeres no parimos hijos e hijas para la guerra!
La autonomía económica le permite a las mujeres alejarse de los abusadores, no permitirles que las violenten. Pero si son dependientes económicamente, algunas seguirán ahí, bajo ese yugo.
Por: Claudia Quintero
FIPU PRESS
Entrevista a la feminista Diana Duque Muñoz, antropóloga
de la Universidad de Antioquia, especialista en Gerencia de Entidades para el
Desarrollo Social EAFIT, creadora de la página Estudios de Género en América
Latina[1],
feminista y activista por los Derechos Humanos.
Diana lideró el documental casero “Ser Madre
Comunitaria o la Naturalización de la Indignidad”[2]
desde el proyecto Estudios de Género en América Latina, como un ejercicio de
participación política para las mujeres que cuidan nuestros niños y niñas
vulnerables del país.
Estudios de Género de América Latina es una
excelente iniciativa feminista en redes sociales, que cuenta con más de 225 mil
seguidores y más de un millón de visitas por mes. Diana fue víctima del
conflicto armado, su padre fue asesinado por los paramilitares cuando era solo
una niña. Hoy defiende el derecho a redignificar la vida de las mujeres.
Claudia: ¿En Colombia se puede hablar de paz sin tocar
la causa y la lucha contra la violencia
de género, verdadero terrorismo hacia las mujeres?
Diana: No, las mujeres somos más de la mitad
de la población, así que pensar que podemos hablar de paz sin incluirnos, es
irracional. Hablamos de la necesidad del enfoque de género para el proceso de
paz, porque además de la guerra, las mujeres han padecido violencias basadas en
género, como: violaciones, abortos obligados, esclavitud sexual, feminización
de la pobreza, entre otros. Además de las que se quedan solas porque sus
esposos e hijos son arrebatados, y no en vano la consigna: ¡Las mujeres no
parimos hijos e hijas para la guerra!.
Claudia: ¿La militarización de la vida de las mujeres,
combatientes o civiles, ha sido el pan diario en ésta guerra larga de Colombia,
desde el feminismo se promueve la paz y la desmilitarización, es posible
construir en las cenizas de un conflicto ese concepto para Colombia y generar
en las mujeres que han sufrido la militarización, proyectos de reconstrucción
individual o colectivo que promuevan paz sobre todo en las comunidades
golpeadas por la guerra?
Diana: Más que ser posible, es necesario.
Además ya tenemos ejemplos, como las mujeres tejedoras de Mampuján, las
integrantes de la Ruta Pacífica de las Mujeres, y así muchas mujeres en lo
individual y como parte de organizaciones; que demuestran que podemos construir
un país en paz. Que se puede dejar la guerra.
Esta pregunta me recuerda a una feminista que
hizo parte del EPL[3], y se
desmovilizó y no sólo hizo eso, sino que empezó a escribir poesía, y se convirtió
en una poeta reconocida que creó una escuela itinerante a nivel nacional, para que las organizaciones de mujeres del
país aprendieran a expresar desde el arte, sus apuestas por la no violencia, la
paz, el respeto por los derechos humanos. Ella murió hace pocos años, pero dejó
una huella y las mujeres continuaron con la escuela.
Claudia: ¿Las mujeres de las FARC promueven el feminismo,
desde su punto de vista, y de los feminismos como articularían las mujeres que
ahora sean excombatientes con las comunidades dónde antes incursionaron
militarmente?
Diana: Es que el feminismo no es un dogma, es
un estilo de vida, una forma de ver el mundo. El feminismo es también una
apuesta por la no violencia. Las organizaciones de mujeres de las que he hecho
parte no te piden hoja de vida, ni te censuran por haber sido esto o lo otro,
simplemente se llega, se aprende, se comparte, y se hacen apuestas conjuntas
por la equidad, la justicia social, la no violencia, entre otras.
Así que dudo que haya alguna discriminación
contra ellas, ni contra ninguna; de hecho nos conmueve hasta los tuétanos
encontrar mujeres que han dejado la guerra y que le apuestan a la paz.
Claudia: La violencia paramilitar ahora mal llamada
BACRIM sigue atentando contra la integridad de las mujeres, ¿en el post conflicto
que acciones debe tomar el Estado para frenar esa vulneración?
Diana: El Estado debe garantizar el derecho
de las personas a una vida libre de violencias, y para eso hay que generar
medidas de protección efectivas y judicializar a quienes integran combos
delincuenciales. Además, lo que necesita este país es desnaturalizar la guerra
de sus mentes, de su vida cotidiana. Cuando la gente desconfía del Estado y
prefiere llamar al pillo para que le solucione el problema, cuando amenaza con
“el señor de la moto” o pretende tomar “justicia” por cuenta propia, entonces
está también generando más guerra. Por eso creo que se debe hacer una
intervención fuerte en todo el país, es necesario que identifiquemos en la vida
cotidiana cómo cada uno/a le estamos apostando a la guerra, a la violencia. En
las escuelas, colegios y universidades se debe reflexionar esto, hacerlo consiente
y una apuesta cotidiana. En la prensa, en la televisión, en la radio y en todas
partes. Porque si no intervenimos en la cultura, vamos a seguir guardando gente
en las cárceles, y vamos a tener que convertir el país en una cárcel, porque
seguirán las Bacrim, y luego se llamarán de múltiples maneras y seguirán
proliferando grupos armados; porque tenemos que sanar nuestras mentes y
nuestras vidas, porque estamos enfermos de guerra.
Claudia: El empoderamiento económico de la mujer está
directamente relacionado con el desarrollo y la paz ¿Por qué se debe invertir
desde el Estado en éste propósito?
Diana: Porque la autonomía económica le
permite a las mujeres alejarse de los abusadores, no permitirles que las
violenten. Pero si son dependientes económicamente, algunas seguirán ahí, bajo
ese yugo. Además la violencia física y psicológica no es la única forma de
violencia. Existe la feminización de la pobreza, que son los factores que
empobrecen a las mujeres por el hecho de serlo y esto además crea una línea de
pobreza y múltiples vulnerabilidades que envuelven también a sus familias, y
que se tienden a repetir en las generaciones.
Yo propondría que todas las
intervenciones para atender violencias contra las mujeres, revisen si ellas
tienen autonomía económica, y si no, junto con el acompañamiento jurídico y
psicosocial; se hagan también acciones afirmativas para que les permitan
acceder a dicha autonomía.
Claudia: ¿Cómo debería funcionar la comisión de la verdad
que surgirá del proceso de paz, en cuanto a lo relacionado con los delitos
hacia las mujeres, en especial los
delitos sexuales?
Diana: Debería además de su ejercicio, usar
anónimamente y con el permiso de quienes así lo desean, las historias que ahí
pasaron para concientizar al país de la no repetición de estas historias. Me
imagino por ejemplo una serie de historias cortas en tv, que humanicen a quienes
sufrieron estas violencias. Y digo humanizar porque una de las cosas que se
generan con las violencias sexuales, es que se convierte a las mujeres en
cuerpos, en objetos, en cosas; y se les quita la dignidad. Además he visto en
redes sociales cómo las páginas que tienen público adolescente, ridiculizan y
naturalizan la violación. Por eso creo que necesitamos pasar de las historias
individuales a actos de reflexión nacional que desnaturalicen los diferentes
tipos de violencias que hemos padecido.
También creo que con ellas se debe hacer un
proceso que les permita sentirse dignificadas: atención médica y psicológica,
acompañamiento para la no repetición, oportunidades para continuar o fortalecer
sus proyectos de vida y reparación administrativa.
Claudia: ¿Cómo se imagina un acto de reparación y de
memoria para las mujeres víctimas a manos del Estado y cuál sería el mayor
significante de dicho acto en caso que ocurriera en un eventual posacuerdo?



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