Desde la cárcel, Huber Ballesteros explica el problema agrario
La única forma de terminar con el problema de la producción de coca, marihuana y amapola, es modificando el modelo de desarrollo rural en Colombia.
Por: Prensa Alternativa
La grave concentración de la tierra, la violencia política que vive el campesinado colombiano, la pérdida de soberanía alimentaria, entre otras, han sido graves problemas que vive nuestro
País.
Ante estas situaciones, las
comunidades campesinas han venido organizándose para luchar por la tierra y el
territorio y vivir dignamente.
Es así, que por librar estas batallas
y defender los derechos del pueblo trabajador y explotado, uno de sus
dirigentes, Huber Ballesteros, fue detenido y encarcelado hace más de dos años,
valiéndose de un montaje judicial para tal objetivo.
Aun así, en su inquebrantable lucha, desde
el pabellón de alta seguridad en la cárcel La Picota de Bogotá, el líder
campesino, quien lleva más de 30 años de militancia política en la izquierda
colombiana, nos ha brindado amablemente una conversación sobre los acuerdos de
La Habana, la concentración de la tierra, el latifundio, las Zonas de Reserva Campesina,
entre otros temas de vital importancia para el país
En Colombia, bajo el modelo neoliberal, el
agro se ha convertido en productor de materias primas para la exportación, debilitando la producción de alimentos
y afectando de forma estructural la soberanía alimentaria. En esa situación, ¿cuáles
deben ser las políticas encaminadas a fortalecer un campo colombiano que beneficie
a toda la población?
Huber
Ballesteros: La
reconversión productiva que se ha generado en Colombia en los últimos 25 años obedece a imposiciones de la Organización
Mundial del Comercio, OMC, que busca
fundamentalmente abrir espacio para el consumo de los alimentos importados,
algo que ha quedado claro con la firma de los TLC.
Esta política de reconversión productiva trajo como
consecuencia el descenso acelerado de la producción nacional de alimentos y
como consecuencia la pérdida de nuestra soberanía alimentaria. Quiero decir que
no soy amigo de los modelos
campesinistas cerrados como formas únicas de producción en el campo;
creo que eso, hoy, es poco probable que se pueda implementar; pero tampoco lo
soy de los modelos de desarrollo rural unimodal
de agricultura para la exportación en monocultivos y en grandes
plantaciones. Mucho menos los considero sostenibles desde el punto de vista
ambiental y económico. Estimo por lo tanto, que para nuestro país, que es un
país de regiones y de climas variados y permanentes, lo mejor sería la implementación de un modelo de producción
rural multimodal. Es decir, en el cual
se tengan en cuenta: la económica parcelaria de las comunidades campesinas, los
afrodescendientes y de los pueblos
indígenas, y en el cual tengan cabida también la producción agroindustria y la
agricultura comercial. Un modelo que se implemente teniendo en cuenta nuestra
diversidad regional y la variedad de climas que tiene nuestro país.
¿Qué mecanismos ha utilizado el latifundismo para
concentrar la tierra en Colombia?
H.B: El
latifundismo en Colombia surge con las
encomiendas de la corona española, se sustenta y se amplía con otras formas de ocupación
y explotación de la tierra como la mita, el terraje y la aparcería; todas
ellas, herencia de la invasión y colonización europea. La hacienda colonial y sus
formas semifeudales de explotación de la
tierra sobrevivieron a la independencia y son el origen más cercano del latifundismo
actual. Este modelo de concentración especulativa de la tierra ha sido
implementado y defendido por una clase conservadora muy ligada a la iglesia
católica en los últimos cien años mediante la violencia. Podemos decir que la violencia
“liberal- conservadora” de mediados del siglo XX y la paramilitar, que se
mantiene hasta nuestros días, han tenido
ese fin.
Entendiendo el problema del narcotráfico como
una gran empresa transnacional, ¿cuáles deben ser los pasos y los mecanismos para
acabar con ello en Colombia?
H.B: Para
analizar este fenómeno de forma
objetiva, a mi juicio, debemos dividirlo en dos: una cosa es el narcotráfico
como empresa ilegal transnacional y otra
cosa es la producción de hoja coca, marihuana y amapola.
En Colombia la aparición de los cultivos denominados
ilícitos, surgen como respuesta económica legitima de un campesinado a quien el
Estado no sólo excluye del modelo de desarrollo, sino que persigue económica,
política y militarmente.
Ante la falta de una
política agraria que tenga en cuenta las particularidades de la producción
económica del campesino, éste, como respuesta, opta por la siembra de
marihuana, coca y amapola, producción declarada ilegal, pero con la cual obtiene
los ingresos que dejó de percibir como consecuencia de la implementación de un
modelo de desarrollo absolutamente anticampesino.
En este sentido, entonces, debemos dejar claro que las
comunidades rurales productoras no son narcotraficantes.
De forma equivocada, el
gobierno colombiano ha dado
tratamiento criminal y policial a un problema cuyas raíces son
económicas y sociales. La única forma de
terminar con el problema de la producción de coca, marihuana y amapola es
modificando el modelo de desarrollo rural en Colombia; adoptando uno que tenga
en cuenta la económica campesina y sus particularidades; abandonando la
política antidrogas actual que ataca el eslabón más débil, (el productor
campesino) mientras el gobierno cohabita con las mafias del narcotráfico.
En Colombia han habido una serie de leyes en
torno al agro colombiano, entre ellas están la ley 135 de 1961 y la ley 160 de
1994, ¿cómo se pueden caracterizar estas leyes y hacia dónde van encaminadas?
H.B: El siglo XX
fue para nuestro país bastante conflictivo en materia agraria. Producto de esa
conflictividad el régimen expidió desde 1936, la ley 200 o ley de tierras, hasta la ley 1152 de 2007 estatuto
del desarrollo rural (declarada inexequible); cerca de diez leyes con las
cuales se afectó negativamente el campo colombiano. La ley 135 de 19661, se expidió dos años después
del triunfo de la revolución cubana; fue
impulsada por el gobierno de los EE.UU. al igual que muchas en América Latina
como una forma de paliar las crisis que
se vivían y con la intención de prevenir futuras revoluciones. La ley 160 de1994 hace parte de las medidas que se tomaron para
implementar el modelo neoliberal, por
eso su eje central fue el mercado de tierras y su único beneficiario el sistema
financiero.
Usted ha sido vocero de las comunidades
campesinas por años, ¿qué se conocen como Zonas de Reserva Campesina, cómo
funcionan y por qué son tan importantes para el agro colombiano?
H.B: Las Zonas de
Reserva Campesina (ZRC), inicialmente surgen como una necesidad para enfrentar la
expansión violenta del latifundio hacia las zonas de colonización; luego, la
figura cobra importancia como forma de
territorialidad de las comunidades campesinas para la defensa de su cultura, el
medio ambiente y su forma económica de producción. Fueron reconocidas
legalmente por la ley 160 de 1994 y funcionan como un territorio delimitado
geográficamente, en el cual se implementa un plan de desarrollo campesino que debe ser discutido y aprobado por toda la comunidad que
habita a su interior. La ZRC, como figura del ordenamiento territorial
colombiano, establece una interlocución con los demás entes territoriales y sus
autoridades (municipio, departamento y nación)
a través de la organización más representativa del territorio. Son
varias las razones por las cuales las ZRC son muy importantes; pero podría
destacar las siguientes: son de cierta manera un reconocimiento político al
campesinado, al definírseles un territorio; en las ZRC, se logra una de las
grandes aspiraciones del movimiento campesino cómo es el límite de la propiedad
de la tierra de una misma familia; pero sin duda, una de las razones más importantes
de su creación, es el reconocimiento a la economía campesina que puede y debe
convertirse en factor de recuperación de la soberanía alimentaria.
¿Para usted cuáles han sido las mayores
victorias de las comunidades campesinas en la historia colombiana?
H.B: Las
comunidades campesinas organizadas han alcanzado muchas victorias; quizás una
de las primeras fue la expedición de las ley 200 de 1936, en la cual se definió
la función social de la propiedad y se estableció la extinción de derechos de
dominio para tierras incultas o indebidamente explotadas. La creación de las
Zonas de Reserva Campesina hace parte de ese listado de conquistas sociales y
políticas del campesinado. También se han logrado conquistas importantes en la
lucha social que el campesinado ha librado en innumerables marchas y paros;
unas veces solo y otras en compañía del
movimiento obrero y otros sectores sociales. A nivel internacional las
comunidades campesinas lograron el reconocimiento de los derechos de los
campesinos y las campesinas en la asamblea de la Organización de las Naciones
Unidas, declaración que ampara sus derechos en todo el mundo.
¿Qué diferencias hay entre reforma rural
integral y reforma agraria integral?
H.B: Desde mi
punto de vista, los dos conceptos tienen similitudes que tienden a confundir; sin embargo puede uno
marcar algunas diferencias: la primera de ellas es que desde la concepción del
Estado y algunos analistas del tema, lo
rural, hoy, no hace referencia exclusiva a temas de producción agropecuaria y
por lo tanto una reforma rural integral involucraría en lo económico, político
y social aspectos diferentes a la producción de alimentos y materias primas
agropecuarias, es decir que el campo podría ser proveedor de otras mercancías
como servicios ambientales, servicios turísticos, artesanías u otras; no
involucra necesariamente modificaciones en la distribución de la tierra ni hace
referencia a la necesidad de recuperar la soberanía alimentaria y la producción
de alimentos.
En las conversaciones de La Habana, el
gobierno colombiano y la insurgencia de las FARC-EP han llegado a acuerdos en
cuanto a la problemática agraria y los cultivos de uso ilícito, ¿en qué
consisten esos acuerdos y qué más falta para avanzar y darle solución a los
problemas que originaron el conflicto armado colombiano?
H.B: Los acuerdos
sobre el problema agrario y cultivos de uso ilícito establecen básicamente el cambio en la política de
erradicación y sustitución de los cultivos de coca, marihuana y amapola; sus
aspectos más importantes son:
- Reconocimiento del origen del
narcotráfico en las “condiciones de
pobreza, marginalidad, débil presencia institucional, además de la existencia
de organizaciones criminales dedicadas” a esa actividad delictiva.
- El Estado se compromete a desarrollar tres
programas puntuales: uno de sustitución de cultivos, otro de desminado, en
el que la guerrilla deberá colaborar con información, y otro de atención al consumo.
En el primer subpunto (sustitución de
cultivos) se acordó que Gobierno Nacional creará y pondrá en marcha un nuevo
Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS); que
la sustitución se dará con consentimiento de las comunidades de manera manual
para generar empleo.
En el segundo (atención al consumo),
programas de prevención del consumo y salud pública, se acordó que el Gobierno creará el Programa
Nacional de Intervención Integral frente al Consumo de Drogas Ilícitas como una
instancia de alto nivel. Este programa tendrá un enfoque de derechos humanos y
de salud pública.
En el tercer punto (organizaciones criminales
dedicadas al narcotráfico) se acordó la intensificación de la lucha contra el
crimen organizado y sus redes de apoyo. La idea es desarticular el crimen
organizado y las redes de estas organizaciones. Para ello, el Gobierno Nacional
pondrá en marcha una estrategia de política criminal.
Sobre el punto uno que trata el problema
agrario, los principales acuerdos los podemos resumir así:
Acceso y uso de la tierra. En este se acordó la creación de
un fondo de tierras de distribución gratuita para campesinos sin tierra con
tierra insuficiente; subsidio integral y crédito especial para la compra de
tierras, así como garantizar los derechos de propiedad; acuerdo para mejorar el
uso de la tierra. El gobierno definirá lineamientos generales del uso del suelo
que tenga en cuenta su vocación y pondrá en marcha programas de reconversión,
actualizará el catastro, para que los que más tienen paguen más y creará incentivos para darle un uso más productivo a
la tierra, de igual manera fortalecerá la participación de las comunidades en
la planificación del ordenamiento del territorio, quedando también establecido
el compromiso de delimitar la frontera agrícola.
Establecimiento de programas
de desarrollo rural integral con enfoque territorial. Se habla aquí de intervenir en las regiones más afectadas por el
conflicto y la pobreza con verdaderos planes de desarrollo que transformen esos
territorios, garanticen derechos y faciliten la reconciliación.
Planes nacionales para la erradicación de la pobreza extrema. Estos planes están orientados a proveer bienes y servicios públicos en
infraestructura, desarrollo social y estímulos de todo tipo a la productividad
de la agricultura familiar.
Sistema especial de
seguridad alimentaria y nutricional. Se
fortalecerán los mercados locales y regionales, se harán campañas para un
adecuado manejo de alimentos por parte de las familias y se aplicaran programas
especiales contra el hambre.
Es importante señalar que en este punto,
subsisten algunas salvedades muy importantes, que aún no han
sido acordadas.
Sobre lo que falta para superar las
causas que dieron origen al conflicto, puedo decir que lo que se firme en La Habana,
como la mayoría de los colombianos deseamos, abre las puertas para que
iniciemos ese recorrido. Son muchas y variadas las causas, que no sólo se han
profundizado en estos sesenta años, sino que también se han complejizado. Lo
que surgió por falta de escenarios de participación política del pueblo para
tratar problemas que fundamentalmente tenían que ver con el campo, hoy va mucho
más allá, y por lo tanto será más difícil de superar.
Finalmente, las comunidades campesinas han avanzado
en materia de una propuesta de ley en torno al tema agrario, ¿en qué consiste y
cuáles son sus banderas?
H.B: No es la
primera vez que las organizaciones del campo tomamos la iniciativa en la
presentación de un proyecto de ley ante el Congreso de la República. Ya en
otras ocasiones hemos intentado que el gobierno colombiano dé cabal cumplimiento
a los artículos 64, 65 y 66 de la Constitución Nacional. En este sentido, el
proyecto pretende alcanzar los siguientes objetivos:
- Fortalecimiento las organizaciones rurales y su capacidad de
gestión ante las entidades gubernamentales.
- Real incidencia en los programas y proyectos de reforma
agraria y desarrollo rural en el ámbito de las entidades públicas y
territoriales.
- Reversar la
extrema concentración de la propiedad de la tierra.
- Pleno reconocimiento del papel e importancia de la
economía campesina.
- Respeto y
reconocimiento de la diversidad étnica y cultural.
- Recuperación económica de la producción agropecuaria,
- Protección de los recursos naturales, la biodiversidad
y el ambiente.
- Recuperación de la soberanía, autonomía y seguridad
alimentaria.
En término generales contribuirá al mejoramiento de las
condiciones de vida de los pobladores rurales y lograr que se reconozcan los
derechos económicos, políticos, sociales, ambientales y culturales de campesinos,
indígenas y comunidades negras.
Finalmente, el líder campesino expresa la necesidad de poner fin al conflicto social y armado, como mecanismo para iniciar un proceso de democratización del campo colombiano, pues a lo largo de la entrevista muestra con gran claridad que la zona rural se ha visto afectada por múltiples intereses particulares, que hoy están puestos al servicio de multinacionales que vienen acrecentado sus ganancias a costa de la vida y tierra de campesinos pobres, violando nuestra soberanía nacional.
Estos acuerdos logrados en la mesa de conversaciones seguramente serán un punto de inicio para la transformación del campo, sin embargo es necesario seguir construyendo, junto a las comunidades campesinas, un proyecto de vida en donde se atiendan necesidades propias y en donde se reconozca al campesinado como un sujeto político que históricamente ha peleado por sus derechos.
Finalmente, el líder campesino expresa la necesidad de poner fin al conflicto social y armado, como mecanismo para iniciar un proceso de democratización del campo colombiano, pues a lo largo de la entrevista muestra con gran claridad que la zona rural se ha visto afectada por múltiples intereses particulares, que hoy están puestos al servicio de multinacionales que vienen acrecentado sus ganancias a costa de la vida y tierra de campesinos pobres, violando nuestra soberanía nacional.
Estos acuerdos logrados en la mesa de conversaciones seguramente serán un punto de inicio para la transformación del campo, sin embargo es necesario seguir construyendo, junto a las comunidades campesinas, un proyecto de vida en donde se atiendan necesidades propias y en donde se reconozca al campesinado como un sujeto político que históricamente ha peleado por sus derechos.



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